La crisis con su novia, el rezo por Fernando y la vida en la cárcel: por qué Máximo Thomsen rompe el silencio

Máximo Thomsen parece listo para salir a pasear. Recién bañado, con el pelo prolijo y la ropa impecable, limpia y bien planchada. Si no fuera por las esposas, parecería un joven como cualquier otro, con el físico trabajado y la seguridad de quien tiene todo bajo control. Solo que, a los 24 años, está condenado a pasar el resto de su vida en una cárcel como la que lo mantiene encerrado desde que participó del crimen de Fernando Báez Sosa.

No hay un solo gesto “tumbero” en él, a excepción de su postura corporal. Le sacan las esposas y se para firme, con las manos siempre detrás de la espalda. “Es la costumbre”, aclara, cuando los camarógrafos le piden que se relaje para empezar a grabar. Acto seguido, se larga a llorar, a pesar del esfuerzo de todo su cuerpo para contenerse. Va a llorar tres veces más durante la entrevista con Telenoche. Sobre todo al hablar de Fernando, de su propia madre y de la ruptura con su novia.

Thomsen tiene las manos frías. Se sienta, toma un par de sorbos de agua y se pone a recordar su vida en libertad. “Jugaba al rugby en el CASI y me decían ‘El Campesino’, porque iba a San Isidro desde Zárate. Me preguntaban si había llegado remando, me cargaban”, apunta.

Hace cuatro años que esperaba este momento.

El exrugbier cuenta en detalle la noche del asesinato. Señala a algunos de sus amigos, acusa a otros y recuerda cómo empezaron los incidentes dentro del boliche Le Brique. Por momentos, se pone en el centro de la escena. En otros, se corre y apunta a los demás. Pide perdón por lo que hizo, pero también ruega que la Justicia no le impute cosas que -según dice- hicieron otros.

Dos meses de conversaciones pasaron para que la entrevista se hiciera realidad. Ni Thomsen ni su abogado, Francisco Oneto, pusieron condiciones ni pidieron dinero a cambio de romper el silencio que los condenados por el crimen de Fernando mantienen desde 2020.

La nota termina con Thomsen aliviado, como si estuviera más liviano. “Me descargué”, dice y agrega: “Me desahogué mucho, hace cuatro años que esperaba este momento”.Un guardia entra, lo esposa y se lo lleva de regreso al pabellón de la Alcaidía de Melchor Romero en el que pasa 20 horas por día.

Antes de irse asegura que esa noche, como lo hace siempre, rezará por la memoria de Fernando.

Fuente: TN