Un avión Antonov An-24 que se dirigía a Tynda, en la región de Amur, se estrelló este jueves con 49 personas a bordo. Las autoridades rusas confirmaron que no se hallaron sobrevivientes tras localizar el fuselaje en llamas en una zona boscosa y de difícil acceso.
Un grave accidente aéreo sacudió este jueves al Extremo Oriente de Rusia, cuando un avión Antonov An-24 se estrelló a 16 kilómetros de Tynda, en la región de Amur. A bordo viajaban 49 personas y, según las autoridades locales, no se encontraron sobrevivientes.
La aeronave había partido desde Blagoveshchensk con destino a Tynda y desapareció del radar a pocos kilómetros del aeropuerto de llegada. Poco después, un helicóptero Mi-8, operado por Rosaviatsia (autoridad de aviación civil rusa), localizó el fuselaje en llamas.
El Ministerio de Situaciones de Emergencia de Rusia informó a través de su canal de Telegram que la zona del siniestro es una región densamente boscosa, lo que ha dificultado el acceso terrestre. Equipos de rescate fueron desplegados por tierra mientras el helicóptero sobrevolaba la escena sin detectar señales de vida.
Las autoridades confirmaron que las comunicaciones con el avión se perdieron momentos antes del aterrizaje programado. El siniestro se produjo en un área remota donde el transporte aéreo es esencial debido a las largas distancias y falta de caminos accesibles.
La tragedia revive viejos fantasmas en una región que ha sido escenario de numerosos accidentes aéreos en los últimos años. En agosto de 2024, 22 personas murieron en Kamchatka tras la caída de un helicóptero Mi-8. De igual forma, en 2021, otro Mi-8 que transportaba 16 personas —entre ellas 13 turistas— también se estrelló, con un saldo de 8 muertos.
Estas zonas, poco habitadas y de geografía compleja, dependen en gran medida del transporte aéreo para conectividad, lo que incrementa el riesgo de accidentes, especialmente bajo condiciones climáticas adversas o fallas técnicas.


