Singapur ha lanzado uno de los proyectos más ambiciosos de su historia: Long Island, una cadena de islas artificiales que actuará como defensa costera, espacio urbano y embalse de agua dulce. Con una inversión de largo plazo, busca enfrentar el aumento del nivel del mar y reforzar su resiliencia climática.
Long Island: la apuesta de Singapur ante la crisis climática
La ciudad-estado asiática proyecta una solución integral y de largo plazo para afrontar los impactos del cambio climático. El nuevo desarrollo urbanístico, aún en fase inicial, transformará la costa sureste del país en una poderosa barrera multifuncional que combinará protección costera, desarrollo urbano y gestión de recursos hídricos.
Un proyecto a escala monumental
Dimensiones y características principales
Long Island se extenderá a lo largo de 12,8 kilómetros en la costa sureste de Singapur, un área especialmente vulnerable al ascenso del mar. El plan contempla la creación de 7,6 km² de terreno recuperado —más del doble del tamaño de Central Park— conectados mediante compuertas de marea y estaciones de bombeo.
El desarrollo incluye más de 19 kilómetros de parques costeros y espacio para construir entre 30.000 y 60.000 viviendas, en una ciudad con uno de los mercados inmobiliarios más densos y caros del mundo.
Inversión millonaria y cronograma a largo plazo
La ejecución del proyecto demandará décadas y una inversión estimada de hasta 100.000 millones de dólares singapurenses (unos 78.000 millones de dólares estadounidenses). Solo para Long Island, se requerirán alrededor de 240 millones de toneladas métricas de material de relleno.
Riesgos actuales y futuros
Singapur se encuentra entre las naciones más amenazadas por el ascenso del nivel del mar. Las proyecciones advierten que, para finales del siglo, el nivel del agua podría aumentar hasta 1,15 metros y, en escenarios extremos, llegar a los 2 metros para 2150. Combinado con mareas y tormentas, se prevé que el agua supere los 5 metros sobre el nivel actual, lo que podría afectar al 30% del territorio nacional.
Desde 2011, el país ha invertido más de 2.500 millones de dólares singapurenses en mejorar el drenaje urbano, aunque estas medidas ya resultan insuficientes.
Espacio habitable y áreas verdes
Además de proteger contra inundaciones, Long Island está pensada como una expansión urbana integrada, con zonas residenciales, parques recreativos y espacios comerciales. La Autoridad de Reurbanización Urbana (URA) impulsa el modelo de ciudad sostenible que combina defensa climática con calidad de vida.
Embalse estratégico para garantizar el agua
Uno de los aspectos clave del proyecto es su contribución a la autosuficiencia hídrica. Al estar conectada a tierra firme en ambos extremos, Long Island permitirá crear un embalse de agua dulce que reduzca la dependencia del agua importada desde Malasia. Se espera que esta infraestructura sea clave ante el aumento previsto en el consumo de agua, que podría duplicarse para 2065.
Recuperación de tierras: una estrategia histórica
La expansión costera es una práctica tradicional en Singapur. Desde el siglo XIX, el país ha aumentado su superficie terrestre en un 25% mediante rellenos. La zona destinada a Long Island ya fue intervenida en las décadas de 1960 y 1970, lo que sienta un precedente técnico y político para este nuevo avance.
El enfoque de largo plazo ha sido una constante en el modelo de desarrollo de Singapur. Como lo expresó el fundador Lee Kuan Yew: “No pienso en las próximas elecciones, pienso en las próximas generaciones”.


