Un estudio de la London School of Economics revela que la Tierra ya no sigue solo las cuatro estaciones tradicionales. La actividad humana ha generado dos nuevas fases anuales: la temporada de bruma y la temporada de basura, fenómenos con graves impactos ambientales y de salud, especialmente en Asia y regiones costeras del mundo.
Los patrones climáticos globales están experimentando transformaciones profundas. Según la investigación, las estaciones tradicionales —verano, otoño, invierno y primavera— ya no son suficientes para describir el comportamiento ambiental actual. La aparición de la temporada de bruma y la temporada de basura evidencia cómo la intervención humana ha modificado los ciclos naturales del planeta.
Qué es y dónde ocurre
La temporada de bruma se caracteriza por extensos mantos de humo tóxico que cubren amplias regiones durante semanas. Este fenómeno es frecuente en países del sudeste asiático, como Indonesia y Malasia, donde los incendios de bosques y plantaciones de palma aceitera liberan enormes cantidades de humo.
Consecuencias
El humo viaja cientos de kilómetros, afectando la calidad del aire y la salud de millones de personas. Estudios médicos vinculan su exposición prolongada con problemas respiratorios, cardiovasculares, enfermedades crónicas y cáncer. La OMS ha calificado en ocasiones la concentración de partículas contaminantes como extremadamente peligrosa para cualquier grupo etario.
Temporada de basura: océanos que devuelven residuos
Qué es y dónde se registra
Entre diciembre y marzo, los vientos monzónicos arrastran toneladas de desechos hacia las costas. Esto provoca la llegada masiva de basura a playas de Bali, Filipinas, Tailandia e incluso Estados Unidos, convirtiendo destinos turísticos en espacios saturados de plásticos, redes de pesca, envases y otros residuos.
Impacto ambiental
El fenómeno refleja décadas de contaminación marina y deficiencias en la gestión de residuos, agravadas por el cambio climático. Los expertos alertan que la acumulación de basura altera ecosistemas costeros y afecta la biodiversidad local.
Lo más preocupante para los científicos es que ambos fenómenos han adquirido un patrón recurrente anual, similar al de las estaciones tradicionales. Esto significa que no se trata de eventos aislados, sino de ciclos que podrían formar parte de un nuevo calendario ambiental, marcando una tendencia alarmante para la sostenibilidad global.


