La Generación Z desafía al poder en Perú tras la caída de Boluarte

LIMA, 15 de octubre — Las calles del Perú vuelven a ser escenario de protestas encabezadas por jóvenes que exigen el fin de la corrupción, justicia por los manifestantes fallecidos y una participación real en las decisiones del país. La caída de la expresidenta Dina Boluarte encendió un nuevo pulso generacional que amenaza al poder político tradicional.

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Jean Villanueva, contador de 29 años, forma parte de la ola juvenil que ha decidido no esperar más. Tras años de frustración ante la inestabilidad política y la inseguridad cotidiana, los jóvenes peruanos se han convertido en la voz más activa del descontento.
Villanueva, hijo de un cobrador de transporte público en Lima, resume el sentir común: “Necesitamos nuevos liderazgos”. Sus palabras representan a miles de jóvenes que marchan en todo el país para exigir transparencia y justicia.

La violencia policial también ha marcado este movimiento. Desde 2022, más de 50 personas han muerto en protestas, lo que ha intensificado el rechazo hacia las autoridades y el sistema político.

Generación Z: protagonistas del cambio

Los menores de 30 años representan más del 25 % del electorado peruano, el bloque más grande del país. Este grupo, conocido como la Generación Z, impulsa movilizaciones masivas que conectan con movimientos similares en países como Indonesia, Kenia o Marruecos.

Según el universitario Yackov Solano, de 22 años, “la corrupción se ha normalizado, pero hemos llegado al límite”. Su generación, acusada de vivir desconectada por su apego a las redes sociales, ha demostrado lo contrario: son ellas las herramientas que les permiten organizarse, movilizarse y amplificar su mensaje.

El contexto político tras la caída de Boluarte

La destitución de Dina Boluarte, ocurrida el viernes pasado, tomó por sorpresa al país. Mientras la Fiscalía dictaba medidas para impedir su salida, miles de jóvenes se preparaban para una marcha nacional.
Aunque lograron su primer objetivo, la presión continúa. Los manifestantes exigen la renuncia del presidente interino José Jerí, la derogación de leyes impopulares y la creación de una mesa de diálogo que les dé voz en las reformas políticas.

También reclaman justicia para las víctimas de la represión y un liderazgo limpio que conduzca al país hacia las elecciones de abril.

Desigualdad, desempleo y falta de oportunidades

El descontento juvenil va más allá de la política. Perú es uno de los países con más jóvenes que ni estudian ni trabajan: cerca de 1,5 millones, según la OCDE. Muchos marchan no solo por ideales, sino por lo básico: seguridad, empleo y educación.

“El futuro está en juego”, explica el politólogo Omar Coronel. “Estos jóvenes ya no piden promesas, exigen una vida digna”.


Símbolos de una nueva revolución

A diferencia de generaciones anteriores, los jóvenes peruanos han creado su propio lenguaje simbólico. Las marchas están llenas de bandanas, calaveras con sombrero de paja y referencias al anime One Piece, convertido en emblema de libertad y rebeldía.
“El anime ocupa hoy el lugar simbólico que tuvo el Che Guevara en el siglo XX”, comenta el escritor J.J. Maldonado.

Este fenómeno cultural une arte, tecnología y protesta en un mismo movimiento. Como dicen sus líderes, “el momento es ahora”.

Una movilización en construcción

El psicólogo y fotógrafo Kevin Puelles, creador de Fotos de Lucha, documenta las marchas desde 2022. Advierte que este miércoles será una fecha clave para medir la fuerza del movimiento.
“El eco de las movilizaciones se mantiene vivo, sobre todo en regiones como Cusco, Trujillo y Puno”, explica. La Iglesia también ha mostrado apoyo. “Aquí no hay terroristas, sino jóvenes con derechos”, afirmó el arzobispo de Lima, Carlos Castillo.

Entre pancartas y cánticos, Villanueva y Solano —una pareja unida por la protesta y la esperanza— simbolizan a una generación que ya no teme al cambio. “Nuestra mente es más abierta”, dicen. “Podemos ser el gran giro que necesita el Perú”.


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