Bárbara Moraña tiene 31 años y vive desde hace doce en Carpintería, San Luis. Llegó desde Avellaneda junto a su madre, quien falleció tiempo después. “Vendimos el departamento en Buenos Aires y con eso pudimos comprar una casa acá. Mi mamá era docente, y yo todavía no tenía trabajo”, relató.
Terminó el secundario en Buenos Aires y cursó un año de universidad antes de mudarse. “Tengo un hijo de 11 años y me establecí en Carpintería. Ya pasé casi la mitad de mi vida acá”, agregó.
De la cocina a su propio emprendimiento
Antes de tener su negocio, trabajó como cocinera en un restaurante y fábrica de pastas. La pandemia la obligó a reinventarse. “Casi no me llamaban para trabajar, así que tuve que rebuscármela. Sabía hacer alfajores y galletitas, y con una vecina que preparaba mermeladas nació ‘Cosas Ricas’”, contó.
Comenzaron en 2020 y, con el tiempo, el proyecto se consolidó. “Después de la pandemia renuncié al restaurante y decidí dedicarme de lleno al emprendimiento, porque además tenía que cuidar a mi hijo”, dijo.
Una fábrica casera con sabor artesanal
“Produzco todo en mi casa: galletitas, alfajores, tartas dulces y licores”, detalló. Para facilitar el trabajo, se fabricó una templadora de chocolate artesanal. Si bien su socia inicial se apartó del proyecto, Bárbara continúa con la producción y la venta.
“Voy a una feria todos los sábados a Merlo, pero mi fuerte está en Carpintería. Vendo desde casa y en locales de la zona. También dejo mis productos en una cafetería y en algunos kioscos”, comentó.
Cada alfajor cuesta $1.700, y el licor más vendido, Baileys casero, se ofrece a $8.000 la botella de un cuarto litro.
Un oficio que sostiene el hogar
“Es mi único ingreso, además de la asignación universal. Vivo de esto. No me puedo dar lujos, pero me alcanza”, reconoció. Bárbara es madre soltera y, aunque las ventas bajaron en los últimos meses, se mantiene firme. “Hubo años mejores, pero todavía puedo vivir de mi trabajo”, indicó.
Y admitió que este año fue difícil: “A mitad de año pensé que no iba a poder seguir. Me daba una lástima enorme porque son muchos años de esfuerzo”.
Entre la competencia y la falta de apoyo
La emprendedora describió que no accedió a los créditos que ofrecía el Gobierno provincial, que iban desde 1,5 a 4 millones de pesos. “No pude anotarme porque pedían hacerlo en pareja y mi socia no quiso participar. No quise involucrar a amigos en eso”, señaló.
Aun así, valoró su independencia: “Me hubiese ayudado al principio del año, pero pude salir adelante sola. Hoy estoy bien”.
Sobre el contexto económico, fue clara: “A todos nos está costando. La gente compra menos, el turismo gasta menos y hay mucha competencia”.
Mirar hacia adelante
Cuando se le preguntó por el futuro, Bárbara no dudó: “Lo veo como una laguna. Tengo ventas y a la gente le gusta lo que hago, pero todo está muy duro. Si aparece un trabajo, lo analizo. Tal vez lo tome para aguantar hasta la temporada de verano”.
Con respecto a las elecciones del 26 de octubre, opinó: “Para mí pasan inadvertidas. No creo que cambien mi situación. Tal vez sí la del país, pero no la mía”.


