El Supremo Tribunal Federal (STF) de Brasil ratificó este lunes la prisión preventiva del expresidente Jair Bolsonaro, dejando sin efecto su régimen de arresto domiciliario. La decisión la tomó la mayoría del pleno, luego de que el exmandatario intentara manipular la tobillera electrónica que debía portar como medida de control judicial.
El incidente que agravó la causa
El juez Alexandre de Moraes, instructor del proceso que investiga la presunta participación de Bolsonaro en un intento de golpe de Estado, sostuvo que la manipulación del dispositivo aumentaba el riesgo de fuga. El magistrado también vinculó el episodio con una vigilia religiosa organizada por el senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente, frente a la residencia familiar, lo que —según su interpretación— pudo haber generado un entorno favorable para escapar y frustrar la aplicación de la ley penal.
La defensa de Bolsonaro
Durante la audiencia del domingo, Bolsonaro reconoció haber intentado abrir la tobillera, aunque negó cualquier intención de huir. Alegó que no rompió la correa del dispositivo y explicó su conducta como producto de una “alucinación”: dijo haber creído que el brazalete contenía un micrófono oculto. El exmandatario declaró que utilizó un soldador para manipular el aparato y atribuyó su comportamiento a un tratamiento médico reciente que, según él, le generaba episodios de paranoia.
Detención y proceso judicial
Desde el sábado, Bolsonaro permanece en una unidad de la Policía Federal en Brasilia. La prisión preventiva ratificada forma parte del proceso en curso, pero no implica el inicio de la condena de 27 años y tres meses de cárcel que ya le había sido impuesta por el STF. Esa sentencia lo responsabiliza de liderar una organización criminal destinada a derrocar al gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, tras las elecciones de 2022.


