Desde el inicio de la gestión de Milei, la relación con su vicepresidenta ha estado marcada por diferencias y tensiones. Trascendió que, tras la victoria en el balotaje, Villarruel esperaba asumir el control de las áreas de Seguridad y Defensa. Sin embargo, estos ministerios fueron asignados a dirigentes del PRO, lo que habría profundizado la disputa dentro del oficialismo.
La fricción quedó aún más en evidencia cuando Villarruel se solidarizó públicamente con los manifestantes heridos en la represión liderada por la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, un episodio que provocó cuestionamientos internos y externos al Gobierno.
El miércoles, tras la aprobación del DNU en Diputados, Villarruel salió de su oficina en el Senado y recorrió la calle saludando en persona a los policías desplegados en el operativo de seguridad. Este acto fue interpretado por muchos como una indirecta a Bullrich, en medio de las críticas que enfrenta por la represión de las protestas.
El gesto fue ampliamente cubierto por las cámaras de televisión y generó repercusiones dentro del oficialismo y la oposición. Mientras algunos lo vieron como una muestra de respaldo a las fuerzas de seguridad, otros lo consideraron una provocación directa hacia la ministra de Seguridad, con quien mantiene una relación tensa.
La interna en el Gobierno sigue escalando y podría tener consecuencias en la gobernabilidad y en la estrategia política de la administración Milei. Villarruel ha construido su propio perfil político y su última acción refuerza la percepción de que busca diferenciarse dentro del oficialismo.
En un contexto de fuerte conflictividad social y económica, estos enfrentamientos internos podrían afectar la capacidad de gestión del Gobierno y la relación con distintos sectores políticos y de la sociedad.


