Desde que Javier Milei ganó el ballotage en noviembre de 2023 hasta febrero de 2026, el empleo privado registrado cayó en 357.044 puestos de trabajo. Son 434 empleos formales destruidos por día, según un informe publicado este lunes por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), basado en datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo.
Solo en las unidades productivas —industria, comercio y servicios— la pérdida fue de 327.813 puestos, una caída del 3,33% en el total de trabajadores registrados, a razón de 400 por día. A ese número se suman 29.231 empleadas domésticas que perdieron su registro formal, casi 34 por día.
El CEPA advierte que la caída no es solo cuantitativa. También implica «un deterioro en la calidad del empleo, afectando salarios, beneficios y estabilidad laboral de amplios sectores de la población».
Las empresas también se van
El tejido empresarial también se contrajo. La cantidad de empleadores pasó de 512.357 a 487.920, una pérdida de 24.437 empresas en 27 meses, equivalente a 30 por día.
El sector más golpeado fue el de transporte y almacenamiento, con 6.193 empleadores menos y una caída del 15,7% en términos relativos. Le siguieron comercio con 5.794 empleadores perdidos, servicios inmobiliarios con 3.555, industria manufacturera con 3.073 y servicios profesionales con 2.572.
El 99,71% de las empresas que desaparecieron tenían hasta 500 trabajadores: las pymes y microempresas fueron las más afectadas en número, con 24.366 cierres. Las grandes empresas, en cambio, explicaron apenas el 0,29% de los cierres.
Construcción, la más castigada
En pérdida de puestos de trabajo, el sector más golpeado fue la construcción: 75.238 empleos menos entre noviembre de 2023 y febrero de 2026, una caída del 16%. Le siguen administración pública con 56.169 puestos perdidos e industria manufacturera con 55.575.
Paradójicamente, aunque las grandes empresas cerraron menos, concentraron la mayor parte de la destrucción de empleo: el 66,46% de los puestos perdidos —217.861 trabajadores— salió de firmas con más de 500 empleados.
El termómetro del empleo doméstico
El informe destaca al empleo en casas particulares como «un termómetro sensible de la economía»: al no estar protegido por grandes empresas ni convenios colectivos, reacciona ante cualquier crisis. Su caída es señal de que los hogares ajustan gastos y de que el trabajo informal crece para compensar la pérdida de registro.


