La posible derogación de la Ley de Etiquetado Frontal abrió una fuerte polémica entre el Gobierno nacional y organizaciones vinculadas a la salud pública.
La secretaria adjunta de la Federación Argentina de Graduados en Nutrición (FAGRAN), Celeste Malavasi, cuestionó la iniciativa impulsada por el presidente Javier Milei y aseguró que eliminar los octógonos negros sería “un retroceso en derechos”.
“La ley le aporta al consumidor una información clara y precisa a la hora de elegir productos ultraprocesados”, sostuvo.
La especialista remarcó que el sistema de advertencias permitió que muchas personas descubrieran el exceso de azúcar, sodio y grasas presentes en alimentos promocionados como saludables.
“La población infantil está sobreexpuesta”
Malavasi alertó por el crecimiento de la obesidad infantil, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares, y señaló que la normativa protege a niños y adolescentes frente al avance de la publicidad alimentaria.
“Tenemos que hablar de alimentación real, alejada de paquetes y ultraprocesados”, expresó.
Además, explicó que la ley no solo contempla los octógonos negros, sino también restricciones en kioscos escolares y educación alimentaria dentro de las escuelas.
“La publicidad nos enseñó que ciertos productos eran saludables cuando en realidad tenían exceso de azúcares o edulcorantes”, afirmó.
Críticas al proyecto del Gobierno
La consultora en políticas alimentarias rechazó los argumentos oficiales para eliminar la norma y apuntó contra la presión de la industria alimenticia.
“No estamos hablando de mejorar la ley, estamos hablando de derogarla. Es un retroceso en derechos”, señaló.
También indicó que más de 300 organizaciones de la sociedad civil impulsan acciones para evitar la eliminación de la normativa y anticipó gestiones ante legisladores nacionales.
El Gobierno nacional sostiene que el sistema actual genera “confusión” en los consumidores, afecta la competitividad de empresas argentinas dentro del Mercosur y encarece costos de producción.
Impacto positivo de los octógonos
Desde FAGRAN aseguraron que el etiquetado frontal mejoró la educación alimentaria y ayudó a consumidores a elegir productos con menor cantidad de azúcares y sodio.
Malavasi afirmó que los mayores beneficios se observaron en adultos mayores, personas con diabetes e hipertensión y familias con recursos económicos limitados.
“La mamá iba a comprar el yogurt que la publicidad le mostraba como saludable y descubrió que tenía exceso de azúcar”, ejemplificó.


