Robert Sarah, nacido en Guinea en 1945, es una de las figuras más destacadas del ala conservadora de la Iglesia católica. Crítico de las tendencias progresistas del pontificado de Francisco, su pensamiento se alinea más con la visión de Benedicto XVI.
Formado en seminarios de África y Europa, Sarah fue arzobispo de Conakry durante más de dos décadas antes de ser designado cardenal en 2010. Su carrera dentro del Vaticano incluye importantes cargos, como presidente del Pontificio Consejo Cor Unum y prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos.
El cardenal Sarah es un defensor acérrimo del celibato sacerdotal y de la moral católica tradicional. Se opone a la comunión para divorciados, al matrimonio igualitario y a la aceptación de minorías sexuales dentro de la Iglesia.
En temas sociales, ha sido crítico con la inmigración masiva a Europa y ha advertido sobre la pérdida de raíces culturales en Occidente. Considera al islamismo, el aborto y la ideología de género como “males contemporáneos”.
Su libro “Desde lo más profundo de nuestros corazones”, publicado en 2020, expone con claridad su visión de una Iglesia que debe resistir los cambios modernos para preservar su esencia.
Aunque públicamente Sarah se ha declarado un “fiel discípulo” de Francisco, sus ideas conservadoras lo colocan en una posición de contraste con el actual pontífice. Medios italianos han señalado su rol como opositor dentro de la curia romana.
Un video viralizado en 2023, donde Francisco evita que Sarah le bese el anillo, alimentó rumores de un distanciamiento entre ambos. No obstante, en sus escasas apariciones públicas juntos, el trato entre ellos siempre fue respetuoso.
Mientras la Iglesia disminuye en Europa y América, en África su expansión es constante. Según datos de Vatican News, el número de católicos africanos creció un 3,31% entre 2022 y 2023, pasando de 272 a 281 millones.
La República Democrática del Congo lidera el continente con casi 55 millones de fieles, seguida por Nigeria y otros países como Uganda, Tanzania y Kenia.
Esta expansión se da en un contexto de fuerte conservadurismo: la mayoría de las comunidades rechaza el matrimonio igualitario, mantiene la misa en latín en algunas regiones y sostiene una profunda devoción tradicional, muchas veces forjada bajo situaciones de persecución religiosa.
Además, la Iglesia africana cumple un rol social esencial, especialmente en zonas donde los Estados son débiles. Redes de colegios, clínicas y servicios comunitarios dependen en gran medida de su infraestructura.


