Victoria Olivares, una argentina que vive en el centro de Barcelona, relató la incertidumbre que se vivió durante el apagón masivo que afectó a España, Portugal y Francia. “No me podía comunicar con nadie, fue una locura”, sentenció.
Describió que hubo semáforos apagados, supermercados cerrados, padres desesperados y vecinos informándose con radios antiguas.
Sin luz ni señal
Victoria resaltó que no fue solo el corte de luz lo que alteró la rutina catalana, sino que también fallaron los servicios de telefonía. Como el suministro no se restablecía y ya se oían gritos en la calle, decidió ir a buscar a su hijo al jardín, donde lo había dejado esa mañana, cuando todo funcionaba con normalidad.
“Salí a la calle y parecía un capítulo de The Walking Dead”, graficó. A pocos metros de su casa, se encontró con un grupo de personas mayores que escuchaban una vieja radio a transistores, intentando conseguir información sobre lo ocurrido y saber cuándo volverían los servicios.
Al llegar al jardín, solo quedaban unos pocos niños, porque muchos padres, frente al panorama incierto, ya habían pasado a retirarlos. “Algunos padres habían escuchado que esto iba para largo”, relató.
Precaución y abastecimiento
Más tarde, su pareja, Lucas Guisasola, llegó a casa y juntos fueron a supermercados que tenían grupos electrógenos. Allí compraron alimentos básicos, por precaución.

Desde Galicia, Alberto Chiesa, que vive entre Baralla y Orense, indicó que en esa zona el impacto fue menor. “No hay tantos semáforos y en general las calderas para el agua caliente funcionan con gasoil”, explicó.
“En algunos lugares no había agua porque la sacan con bomba y no funcionaba”, agregó.
Este martes, la actividad en esas localidades volvió casi a la normalidad, excepto las clases, que fueron suspendidas aunque los colegios permanecieron abiertos “por emergencias”.


