Científicos y agencias espaciales activaron alertas tras el impacto en la Tierra de la tormenta solar más intensa de los últimos 20 años, registrada este lunes. El fenómeno, originado por una poderosa llamarada en el Sol, alcanzó un nivel de gravedad 4 sobre 5 y encendió protocolos de emergencia en sectores clave como la aviación, las telecomunicaciones y las misiones espaciales.
¿Qué ocurrió en el Sol?
Una llamarada de máxima potencia
El evento tuvo origen en una llamarada solar de clase X, la categoría más fuerte conocida. La explosión liberó una enorme cantidad de energía y partículas cargadas que llegaron a la Tierra en pocas horas, con capacidad de generar efectos casi inmediatos.
A este episodio se sumó una tormenta geomagnética, causada por una eyección de masa coronal: una nube de plasma y campos magnéticos expulsada desde la atmósfera solar.
Riesgos para la Tierra y el espacio
Impacto en astronautas y satélites
Las tormentas de radiación solar representan un riesgo elevado para astronautas en órbita, como las tripulaciones de la Estación Espacial Internacional, que deben resguardarse en módulos con mayor blindaje.
En la Tierra, el mayor impacto se concentra en la infraestructura tecnológica. El aumento de partículas energéticas puede degradar señales de GPS, afectar sensores electrónicos y generar interferencias en sistemas satelitales.
La aviación, uno de los sectores más expuestos
Las rutas aéreas polares figuran entre las más vulnerables, ya que cuentan con menor protección del campo magnético terrestre.
Durante el evento se registraron fallas intermitentes de GPS en aeronaves, lo que llevó a reforzar los protocolos de control y monitoreo. Las autoridades notificaron a aerolíneas y organismos de tráfico aéreo para ajustar procedimientos preventivos.
Auroras en zonas poco habituales
Como efecto visible, se observaron auroras en regiones de Europa donde estos fenómenos no son frecuentes.
Esto se explicó por la orientación del campo magnético de la nube solar al impactar con la magnetosfera terrestre, lo que permitió una mayor transferencia de energía hacia la atmósfera.
Un antecedente que genera preocupación
La última tormenta de radiación solar de esta magnitud ocurrió en octubre de 2003, durante las llamadas tormentas solares de Halloween. Aquellos eventos provocaron apagones eléctricos y daños en infraestructura energética en distintos países.
Ese antecedente explica el nivel de cautela actual, aunque los expertos descartan, por ahora, consecuencias generalizadas para la población.


