Astor Piazzolla, ícono revolucionario del tango, falleció el 4 de julio de 1992, dejando un legado que rompió moldes. Desde su infancia marcada por Gardel hasta su desgarradora obra “Adiós Nonino”, el bandoneonista construyó una carrera única que sigue resonando en todo el mundo.
Nacido el 11 de marzo de 1921 en Mar del Plata, Astor Pantaleón Piazzolla creció rodeado de música gracias a su padre Vicente, quien fue clave en su formación temprana. A los seis años, le regaló su primer bandoneón, comprado por 19 dólares, con el que comenzó a dar sus primeros pasos en el universo musical que lo convertiría en una leyenda.
La familia se trasladó a Nueva York, donde Piazzolla vivió una infancia atravesada por influencias culturales diversas. Allí conoció a Carlos Gardel, quien se convirtió en una figura trascendental. Participó como extra en la película El día que me quieras, y compartió varios encuentros con el Zorzal Criollo, quien le dejó una frase que marcó su camino: “Pibe, vos tocás el bandoneón como un gallego”.
En 1937, ya instalado en Buenos Aires, Piazzolla comenzó a tocar profesionalmente y poco después fue convocado por Aníbal Troilo como arreglador y bandoneonista. Su inquietud musical lo llevó a estudiar con Alberto Ginastera y más tarde, en 1954, viajó a París becado para perfeccionarse con Nadia Boulanger.
Allí grabó Sinfonía de tango, su primer álbum como solista, que definió el rumbo definitivo de su obra: un tango moderno, complejo y rupturista. Aunque al principio recibió críticas por alejarse del estilo tradicional, Piazzolla jamás dejó de componer la música que sentía propia.
En 1959, en plena gira por Puerto Rico, Piazzolla recibió la noticia de que su padre había muerto en un accidente en bicicleta. Devastado, se encerró a componer y reversionó una obra anterior, Nonino, creando así Adiós Nonino, una de sus piezas más emblemáticas.
El bandoneón lloró por él. La obra se convirtió en un homenaje íntimo, crudo y universal, en el que volcó toda su angustia. Piazzolla llegó a decir que su padre fue el que más creyó en él, incluso más que él mismo. La composición, que ha emocionado a públicos de todo el mundo, sigue siendo un símbolo de despedida, amor y pertenencia.
En los años siguientes, Piazzolla siguió rompiendo esquemas. Compuso la ópera María de Buenos Aires con Amelita Baltar, quien fue su pareja y la voz insigne de Balada para un loco. Sin embargo, la relación terminó abruptamente tras un conflicto personal que dejó huellas en ambos.
En 1976 conoció a Laura Escalada, con quien se casó y se exilió en París durante la dictadura. A su regreso, ya en los ‘80, Piazzolla era una figura consagrada y respetada. Sufrió una hemorragia cerebral en 1990 y murió el 4 de julio de 1992 a los 71 años. Su esposa se convirtió en guardiana de su legado a través de la Fundación Piazzolla.


