Europa lanza una nueva generación de bicicletas eléctricas que funcionan con hidrógeno y se recargan con agua desde casa. Ya se venden en países como Suiza, Francia e Irlanda y prometen revolucionar la movilidad urbana con una alternativa ecológica y eficiente.
En medio del auge de las bicicletas eléctricas en las ciudades, una nueva propuesta comienza a ganar terreno en Europa: las e-bikes que funcionan con hidrógeno. A diferencia de los modelos tradicionales que dependen de baterías de litio, estas innovadoras bicicletas utilizan pilas de combustible alimentadas con hidrógeno generado a partir de agua común.
El sistema busca solucionar los problemas asociados al peso, los largos tiempos de carga y el impacto ambiental de las baterías convencionales, ofreciendo una opción más limpia y eficiente.
Uno de los modelos más destacados es el HYRYD, de la empresa suiza HydroRide Europe AG. Esta bicicleta puede recorrer entre 50 y 100 kilómetros por carga, utilizando solo 200 ml de agua convertida en hidrógeno mediante un proceso de electrólisis en un equipo doméstico.
El tanque de hidrógeno es recargable, portátil y reemplazable en apenas 10 segundos, superando ampliamente a las baterías de litio, que requieren entre 3 y 6 horas de carga. Además, este sistema mantiene su rendimiento constante a lo largo del tiempo, sin pérdidas de capacidad como ocurre con las baterías convencionales.
Otra compañía que apuesta por esta tecnología es la startup irlandesa HubUR, que presentó su bicicleta Boon H₂, diseñada para usuarios urbanos. El modelo puede recargarse tanto en el hogar como en estaciones públicas, en caso de ampliación de la infraestructura.
Ambas propuestas buscan posicionarse como soluciones de movilidad sustentable, con una ventaja clara: no generan emisiones contaminantes ni residuos tóxicos, ya que el único subproducto del uso del hidrógeno es vapor de agua.
El principal beneficio de las bicicletas eléctricas a hidrógeno es su huella ambiental prácticamente nula. Si el hidrógeno se obtiene mediante energía renovable, el sistema es completamente limpio, tanto en su funcionamiento como en su fabricación y descarte.
Sin embargo, la tecnología enfrenta retos importantes. El costo sigue siendo elevado: un modelo HYRYD cuesta aproximadamente 2.500 euros, y el generador de hidrógeno casero se vende por separado a 1.799 euros. Además, la eficiencia energética del proceso de electrólisis es menor en comparación con la carga directa de una batería, lo que plantea interrogantes sobre su viabilidad a gran escala.


