Durante la Cumbre del BRICS en Río de Janeiro, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, reafirmó su intención de posicionar al país como articulador clave de un nuevo orden global multipolar. El evento reflejó la ambición de Brasil por consolidar un liderazgo regional, impulsar una moneda alternativa al dólar y revitalizar la integración sudamericana.
Un papel protagónico en la redefinición geopolítica
En la 17ª Cumbre del BRICS celebrada en Río de Janeiro, Brasil ratificó su protagonismo en la reorganización del tablero geopolítico internacional. El gobierno de Lula da Silva impulsó una agenda centrada en la reforma del Consejo de Seguridad de la ONU, la justicia fiscal global, la paz y la creación de una moneda comercial alternativa al dólar.
Desde su discurso inaugural, Lula dejó claro que el BRICS trasciende lo económico: representa una alternativa de gobernanza multilateral, pensada desde y para el Sur Global. El mandatario criticó la hegemonía de las potencias tradicionales, cuestionó el gasto militar de la OTAN y se pronunció sin ambigüedades contra el genocidio en Gaza, destacando que los derechos humanos no deben ser aplicados con doble estándar.
Brasil y China planean un corredor bioceánico
Uno de los anuncios más importantes fue el acuerdo preliminar entre Brasil y China para desarrollar un corredor ferroviario bioceánico. La infraestructura uniría el puerto de Chancay (Perú) con el megapuerto de Açu (Brasil), fortaleciendo los lazos comerciales entre Asia y Sudamérica.
Esta iniciativa busca consolidar la conectividad regional y reducir la dependencia de rutas comerciales dominadas por actores externos, como parte de una estrategia más amplia para reforzar la soberanía económica del bloque.Una región fragmentada y un liderazgo en disputa
Brasil se posiciona como el único país con capacidad real para impulsar la integración sudamericana. En un contexto de debilitamiento de organismos como el Mercosur y la UNASUR, la administración de Lula propuso una agenda de largo plazo basada en cinco ejes: comercio intrarregional, transición energética, desarrollo tecnológico, derechos ciudadanos y gestión política de las tensiones.
Sin embargo, la tarea no es sencilla. Brasil debe enfrentar la resistencia de gobiernos con agendas individualistas, alianzas comerciales externas y posturas abiertamente contrarias a la integración. Además, su liderazgo enfrenta desafíos internos que dificultan la consolidación de una estrategia regional firme.
Lula enfrenta al Congreso y recurre al Supremo
Mientras impulsa su agenda internacional, el gobierno brasileño libra una dura batalla en el plano doméstico. La principal disputa gira en torno a una reforma fiscal progresiva que busca gravar a los sectores más concentrados de la economía.
El Congreso, dominado por intereses corporativos ligados a las fintech, casas de apuestas y capital financiero, bloqueó el decreto presidencial. Como respuesta, el Ejecutivo recurrió al Supremo Tribunal Federal, abriendo un debate de fondo sobre los límites del poder presidencial y el rol de los poderes del Estado.


