En mayo de 2025, el sector manufacturero de China se contrajo por primera vez en ocho meses, según el PMI de Caixin. La caída, impulsada por la guerra comercial con EE.UU. y la baja en pedidos de exportación, revela un deterioro estructural en el modelo económico del país asiático.
El índice gerente de compras (PMI) del sector manufacturero chino, publicado por Caixin y elaborado por S&P Global, cayó a 48,3 puntos en mayo, desde los 50,4 registrados en abril. Esta contracción, la primera en ocho meses, representa el peor desempeño del sector desde septiembre de 2022.
El dato sorprendió a los analistas, que esperaban una expansión hasta los 50,6 puntos, y deja en evidencia la fragilidad del modelo económico chino, altamente dependiente del comercio exterior. La caída en el PMI también contrasta con las cifras oficiales del régimen, que muestran una mejora leve hasta los 49,5 puntos.
Uno de los factores clave que explican el retroceso es la baja demanda internacional. El subíndice de nuevos pedidos de exportación alcanzó su nivel más bajo desde julio de 2023. Este desplome se atribuye a la creciente desconfianza global hacia los productos chinos y al endurecimiento de las políticas comerciales de Estados Unidos.
La respuesta de los fabricantes ha sido reducir precios durante seis meses consecutivos, una estrategia que refleja una presión deflacionaria persistente y la erosión de márgenes de ganancia. Sin embargo, esta medida no logró revertir la tendencia negativa, lo que deja en evidencia la dependencia estructural del país a las exportaciones y los subsidios estatales.
Washington ha elevado la presión sobre Beijing con nuevas restricciones a la exportación de tecnología, controles a productos estratégicos y revisión de beneficios arancelarios. Estas medidas, junto con las acusaciones por subsidios ilegales y robo de propiedad intelectual, están limitando seriamente el acceso de China a componentes clave para su industria.
Esta guerra comercial prolongada también ha incentivado a otros países a diversificar sus cadenas de suministro, alejándose del modelo económico chino y debilitando su influencia global.
Además de los desafíos externos, la economía china enfrenta obstáculos internos que intensifican su crisis estructural. Entre ellos se destacan la caída del consumo, una crisis inmobiliaria persistente y el aumento del desempleo juvenil.
El economista Wang Zhe, de Caixin, advirtió que “la presión a la baja sobre la economía ha aumentado de forma significativa respecto a trimestres anteriores”. Aunque hubo un leve repunte en el optimismo empresarial, esto parece más una respuesta especulativa a la tregua comercial temporal con EE.UU. que una señal sólida de recuperación.


