El Tesoro de Estados Unidos delineó un plan para asistir financieramente a Argentina con instrumentos que esquivan el debate legislativo. El paquete incluiría un swap de USD 20.000 millones, recompra de bonos y un crédito stand-by condicionado a reformas y mayor flexibilidad cambiaria.
Ante la fragilidad económica de Argentina y las dificultades del Gobierno para acceder a nuevo endeudamiento, la administración de Javier Milei encontró en Estados Unidos un posible respaldo financiero. Según fuentes del Tesoro norteamericano, existen tres herramientas disponibles: un swap de monedas por USD 20.000 millones, la compra de bonos argentinos y un crédito stand-by del Fondo de Estabilización Cambiaria (ESF).
La elección de estas alternativas no es casual. Todas permitirían sortear el filtro del Congreso, una barrera clave en la estrategia oficial de financiamiento.
Recompra de bonos
Scott Bessent, máxima autoridad económica de EE.UU., detalló que su país podría adquirir tanto títulos emitidos en licitación primaria como en el mercado secundario. En este último caso, sería una inversión directa sin necesidad de aprobación parlamentaria, lo que permitiría aliviar vencimientos de deuda por USD 4.200 millones en enero próximo.
Sobre nuevas emisiones, existen visiones encontradas. Mientras algunos especialistas recuerdan que la Ley Guzmán exige aval legislativo, otros consideran que el Ejecutivo podría operar bajo el margen que permite el Presupuesto 2023 prorrogado, adaptando títulos a los requerimientos del Tesoro norteamericano.
Swap de monedas
El intercambio de divisas entre el Banco Central argentino y la Reserva Federal no implica endeudamiento en dólares ni requiere aval del Congreso. El convenio fijaría un monto total de USD 20.000 millones y un plazo determinado, con la posibilidad de activarlo parcialmente para reforzar reservas o contener presiones cambiarias.
Crédito stand-by
Este instrumento presenta mayor complejidad legal. La Constitución reserva al Poder Legislativo la autorización de empréstitos, lo que pondría en jaque cualquier intento unilateral del Ejecutivo. No obstante, la experiencia del último acuerdo con el FMI abre una alternativa: recurrir a un decreto de necesidad y urgencia para avanzar.
Más allá de la ingeniería financiera, las condiciones apuntan a un mismo objetivo: que Argentina adopte un régimen cambiario flexible y acelere la flotación del dólar.
La ex subdirectora del FMI, Gita Gopinath, advirtió que el apoyo estadounidense será insuficiente sin un cambio de política cambiaria. Alejandro Werner, exdirector del organismo para el Hemisferio Occidental, fue más tajante: “Argentina debería flotar su moneda de inmediato”.
Además, se barajan condicionamientos vinculados a la aprobación de un presupuesto plurianual, una reforma tributaria y la autonomía del Banco Central.
El anuncio ya generó un clima de optimismo en los mercados. El Banco Central lleva tres jornadas sin intervenir en el mercado de cambios, mientras que la eliminación de retenciones a granos y carnes aportó ingresos por USD 7.000 millones, alcanzando la meta oficial.
De cumplirse, este salvataje representaría no solo un alivio inmediato en la disponibilidad de divisas, sino también un compromiso político con Washington, que busca consolidar su influencia geopolítica en la región.


