El Instituto de Conservación de Ballenas (ICB) difundió un nuevo comunicado sobre la muerte de ballenas francas australes. En los últimos meses murieron crías, y ahora también se registraron casos de adultos en aguas de Península Valdés. La situación movilizó a toda la comunidad.
“Quienes dedicamos nuestra vida a estudiar y proteger a estos animales sentimos cada pérdida, así como la sienten quienes viven en la región y las personas que encuentran en las ballenas un vínculo especial con el mar y la naturaleza”, señalaron.
“La ciencia necesita tiempo, y ese tiempo no debe confundirse con inacción”
En un evento de mortandad como el actual, la espera genera incertidumbre. “Pero la ciencia necesita tiempo para producir respuestas confiables, y ese tiempo no debe confundirse con inacción”, sostuvo el ICB.
La organización consideró fundamental acompañar el trabajo de los equipos que investigan las posibles causas y esperar sus resultados antes de sacar conclusiones.
El Programa de Monitoreo Sanitario Ballena Franca Austral comenzó en 2003 y lo coordina la doctora Marcela Uhart. Trabaja con una red de colaboradores en Chubut, en articulación con las autoridades ambientales provinciales.
Hace el seguimiento sanitario y la investigación de los varamientos: toma medidas corporales y recolecta muestras biológicas e información de las ballenas que mueren en Península Valdés y alrededores.
Según informó oficialmente el Gobierno de Chubut, las muestras analizadas en ballenatos indicaron la presencia de la bacteria Erysipelothrix rhusiopathiae, asociada a casos de septicemia. En cambio, los adultos hallados recientemente “no presentan hasta el momento signos preliminares que permitan asociarlos a este mismo cuadro bacteriano”.
En los adultos se sospecha una relación con las llamadas mareas rojas, que generan biotoxinas naturales capaces, en ciertas condiciones, de matar ballenas y otras especies marinas. Hubo un antecedente en 2022, cuando murieron ballenas adultas y juveniles durante una floración algal nociva en el Golfo Nuevo, en septiembre y octubre. Esa investigación, coordinada por el Programa de Monitoreo y con participación de varias instituciones, incluido el ICB, demandó meses de trabajo. Concluyó que las biotoxinas tuvieron un rol en la mortandad de adultos ese año.
El ICB destacó el esfuerzo de los investigadores que siguen recolectando muestras y haciendo análisis de laboratorio. Reiteró la importancia de esperar una interpretación integral de los resultados antes de proponer causas.
Además, el comunicado oficial indica que, a las muestras de los ejemplares hallados, “se sumará de manera progresiva y por etapas un esquema de muestreo de agua y moluscos en ambos golfos (Nuevo y San José)”. Las ballenas pueden actuar como indicadores de la salud de los ecosistemas marinos, porque su estado sanitario y los cambios poblacionales informan sobre el ambiente y las presiones que enfrenta.
La ballena franca austral es longeva y la mayoría alcanza la madurez reproductiva a los 9 años. Por eso, las consecuencias de un evento de mortalidad no son inmediatas ni pueden dimensionarse con cifras aisladas. Deben analizarse en escalas temporales y espaciales amplias, en el contexto de la historia de la población y de las amenazas que la afectan.
Fuente: Noticias Ambientales


