El consumo de carne vacuna en Argentina alcanzó su nivel más bajo en dos décadas, según datos recientes difundidos por la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes y Derivados (Ciccra). En los últimos doce meses hasta febrero, el consumo por habitante se ubicó en 47,3 kilos anuales, con una caída del 2,5%, en un contexto marcado por menor producción, aumento de exportaciones y subas de precios.
Menor producción y consumo interno en retroceso
El informe revela que durante febrero se faenaron 924.300 cabezas de ganado, lo que representó una baja interanual del 10,7%. En el acumulado del primer bimestre del año, la caída fue del 11,1%, impactando directamente en la oferta de carne disponible.
Esta menor actividad se tradujo en una reducción del consumo interno, que alcanzó las 332.700 toneladas, un descenso del 13,8% respecto al mismo período del año anterior. Se trata de uno de los niveles más bajos registrados en las últimas décadas.
Exportaciones en alza y menor oferta ganadera
Mientras el mercado interno se contrae, las exportaciones muestran un comportamiento opuesto. En el primer bimestre del año, los envíos al exterior totalizaron 124.000 toneladas, con un crecimiento interanual del 6,6%.
Este escenario se explica, en parte, por factores climáticos adversos como sequías e inundaciones, que obligaron a una venta anticipada de animales y redujeron el stock ganadero. A esto se suma una menor disponibilidad de hacienda para faena, en uno de los niveles más bajos de los últimos 47 años.
Otro dato relevante es la alta participación de hembras en la faena —cercana al 48% en febrero—, lo que limita la posibilidad de recomposición del rodeo y condiciona la producción futura.
Aumento sostenido en los precios de la carne
En paralelo a la caída del consumo, los precios de la carne continúan en ascenso. Durante febrero, los cortes vacunos registraron un incremento promedio del 7,4%, con subas más pronunciadas en algunos productos.
Entre los aumentos más destacados se encuentran la paleta (8,1%), el cuadril y la nalga (cercanos al 8%) y la carne picada (7,1%). El asado, uno de los cortes más consumidos, subió un 5,7% y se ubicó alrededor de los 16.850 pesos por kilo. Otros cortes superan ampliamente los 19.000 y 20.000 pesos.
Incluso el pollo entero registró un aumento superior, con una suba mensual del 10,2%, reflejando una presión generalizada en los precios de las proteínas.
Incrementos por encima de la inflación
En términos interanuales, el rubro carnes y derivados acumula un aumento del 54,1%, posicionándose como uno de los principales impulsores de la inflación en alimentos.
Al analizar por cortes, las subas son aún más marcadas: el asado aumentó 67,6% en el último año, seguido por el cuadril (65,9%), la paleta (65,7%), la nalga (62,1%) y la carne picada (56,6%).
En promedio, los precios de la carne vacuna subieron un 63,6% interanual, casi duplicando el índice general de inflación, que se ubicó en torno al 33,2%.


