Guerra en Ucrania: cuatro años sin tregua ni alivio

A cuatro años del inicio de la guerra en Ucrania, el conflicto continúa sin tregua en el este del país. Con millones de desplazados, temperaturas extremas y ataques a infraestructura energética y sanitaria, la crisis humanitaria se profundiza mientras no avanzan las negociaciones internacionales.

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Cuatro años de guerra en Ucrania: un conflicto sin pausa

El 22 de febrero de 2022 comenzó la invasión rusa a Ucrania. Desde entonces, el enfrentamiento armado dejó cerca de 1,8 millones de bajas entre muertos, heridos y desaparecidos en ambos bandos, según datos del Center for Strategic and International Studies (CSIS) difundidos en diciembre.

Actualmente, Rusia controla alrededor del 20% del territorio ucraniano. Las negociaciones diplomáticas impulsadas por el expresidente estadounidense Donald Trump no lograron avances concretos, aunque los contactos continúan de manera periódica.

En el terreno, los combates no se detienen.

La línea del frente se concentra principalmente en la región del Dombás, además de zonas de Zaporiyia y Kersón. Allí, los ataques con drones y misiles son permanentes.

“El conflicto no tiene pausas. No hay lugares completamente seguros. Incluso Kiev sufre bombardeos”, explicó el médico estadounidense James Kerwin, coordinador de clínicas móviles de Médicos Sin Fronteras (MSF), quien trabaja en la ciudad de Dnipro.

Kerwin advirtió que los ataques rusos apuntaron de manera sistemática contra la infraestructura energética y sanitaria, dejando a numerosas localidades sin electricidad, calefacción ni agua corriente en pleno invierno, con temperaturas que alcanzaron los -20 grados.

En pueblos cercanos al frente, la temperatura dentro de las viviendas es similar a la del exterior debido a la falta de servicios básicos.

Desplazamientos masivos y familias separadas

Millones de personas afectadas

Más de seis millones de ucranianos abandonaron el país desde el inicio de la guerra, mientras que otros cuatro millones permanecen desplazados dentro del territorio.

Muchos adultos mayores optan por quedarse en sus hogares pese al peligro, hasta que la destrucción los obliga a huir. Otros viven en refugios improvisados.

Es el caso de Kateryna Murashkina, de 17 años, quien escapó de la zona de combate con su bebé recién nacido y ahora reside en Dnipro. Debido a la falta de calefacción y electricidad, apenas pudo bañarlo en contadas ocasiones desde su nacimiento.

La guerra también fracturó familias. En el Dombás, donde conviven comunidades rusoparlantes y ucranianas, numerosos núcleos quedaron divididos por la ocupación y los combates. Muchos no pueden regresar a sus ciudades ni despedir a sus seres queridos.

Los bombardeos afectaron hospitales y centros de salud, especialmente en ciudades pequeñas. Además, una parte significativa del personal sanitario emigró.

Ante este escenario, Médicos Sin Fronteras opera con clínicas móviles que recorren zonas cercanas al frente, distribuyen medicamentos y realizan teleconsultas cuando el acceso es imposible. También cuentan con ambulancias para trasladar heridos y centros de rehabilitación y tratamiento de estrés postraumático.

Kerwin remarcó que gran parte de los pacientes son adultos mayores con enfermedades crónicas que requieren seguimiento constante.

Un conflicto estancado y una emergencia persistente

Cuatro años después del inicio de la guerra en Ucrania, el escenario combina estancamiento militar y agravamiento social. Sin avances diplomáticos significativos y con ataques constantes sobre infraestructura crítica, la población civil continúa siendo la más afectada.

Mientras la comunidad internacional busca una salida política, organizaciones humanitarias insisten en la urgencia de recursos y asistencia para quienes permanecen en la línea de combate.


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