Impacto de la deforestación en el Chaco: 1800 hectáreas desmontadas afectan a ecosistemas protegidos

La deforestación del Gran Chaco ha alcanzado un nuevo nivel alarmante con la tala de 1800 hectáreas de bosque nativo cerca del Parque Provincial Loro Hablador. Este parque es vital para mantener la conectividad del ecosistema chaqueño, que representa un enclave frágil para especies amenazadas.

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Esta deforestación contribuye a un proceso acumulativo en toda la ecorregión del Gran Chaco. Tomás Camarasa, coordinador del Programa Chaco de Aves Argentinas, advierte que «el ecosistema necesita conectividad y esa conectividad es cada vez menor». Así, estas intervenciones perjudican la continuidad territorial necesaria para la conservación.

Esta pérdida se agrava por la proximidad de maquinarias al área protegida del parque. Las topadoras ahora operan «literalmente en la puerta del parque», afirmó Camarasa, contrastando con la situación de hace una década, cuando era impensado desmontar tan cerca de zonas protegidas. Además, el suelo chaqueño es frágil, y tras una década de explotación, tiende a desertificarse, poniendo en riesgo la sustentabilidad.

Aves Argentinas insta a detener la deforestación

Aves Argentinas ha solicitado al gobierno de Chaco acciones inmediatas para detener estas actividades de desmonte y restaurar los terrenos afectados. Argumentan que, de acuerdo con la legislación vigente, los terrenos desmontados no deberían ser explotados comercialmente hasta su recuperación. Además, proponen la restauración efectiva de los campos para proteger las zonas intervenidas por el desmonte ilegal.

En 2024, tras reformas normativas, unas 420 mil hectáreas de bosque en Chaco perdieron su categoría de protección. Esta normativa ha permitido más intervenciones en áreas antes salvaguardadas, generando un retroceso normativo. Esto contrasta con los principios de no regresión y progresividad ambiental establecidos en la legislación nacional y acuerdos internacionales. 

Los incentivos económicos impulsan estas actividades de tala, donde una hectárea despejada vale mucho más. Sin embargo, Camarasa cuestiona que estos beneficios económicos no se traduzcan en progreso sostenible para la región. Provincias como Chaco y Santiago del Estero, a pesar de sus registros de deforestación, mantienen índices socioeconómicos bajos. Así, se observa una migración rural hacia ciudades, un aumento de grandes latifundios y una disminución del empleo rural.

Camarasa afirma que las multas no disuaden eficazmente, ya que son vistas como un costo más en el negocio. Las sanciones y la falta de restauración efectiva quedan opacadas por el valor económico del desmonte. Para más información sobre cómo las estrategias de conservación pueden replicarse, visitá el artículo sobre éxitos en conservación ambiental. 

Fuente: Noticias Ambientales


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