La joven periodista tucumana que denunció haber sido violada por exjugadores de Vélez Sarsfield en 2024, relata cómo el hostigamiento mediático y judicial ha devastado su vida. En su última declaración ante la fiscalía, reveló el sufrimiento emocional que atraviesa debido a la presión y la revictimización.
En marzo de 2024, una joven periodista tucumana de 26 años denunció haber sido víctima de abuso sexual por parte de cuatro exjugadores de Vélez Sarsfield, uno de los clubes más importantes de Argentina. El caso fue ampliamente cubierto por los medios, pero lo que comenzó como una denuncia de abuso sexual se transformó rápidamente en un tormento psicológico para la denunciante, quien ha tenido que enfrentar no solo la carga del proceso judicial, sino también una creciente campaña de hostigamiento.
En su declaración ante la fiscal Adriana Reinoso Cuello, la joven relató cómo desde que presentó la denuncia, ha sido objeto de una campaña de difamación orquestada por la defensa de uno de los imputados, José Ignacio Florentín Bobadilla. Según su testimonio, esta campaña incluyó filtraciones a los medios, la exposición pública de su nombre y detalles íntimos, y acusaciones falsas que buscaban desacreditarla y presionarla psicológicamente.
«Pienso a cada momento en terminar con todo», confesó ante la fiscal, describiendo cómo la constante exposición mediática y la invasión de su privacidad la han llevado a sufrir pensamientos suicidas. La joven relató cómo la investigación, que inicialmente se centraba en el abuso sexual, se ha desviado para atacar su persona, sus amistades y su intimidad.
Secuelas psicológicas y físicas
La vida destrozada por el abuso y el hostigamiento
El trauma de la joven no solo se refleja en los aspectos psicológicos. En su testimonio, explicó que la experiencia de abuso la ha dejado con secuelas físicas y emocionales profundas. «Le tengo pánico a menstruar», dijo, evidenciando el impacto del abuso en su bienestar físico. Además, admitió sentir ansiedad y asco ante la idea de mantener relaciones sexuales, lo que refleja el trastorno de estrés postraumático (TEPT) diagnosticado en un informe psicológico adjunto a la causa.
Este trastorno está acompañado de altos niveles de ansiedad, depresión y, como consecuencia directa del abuso, una afectación grave en su autoconcepto. La joven también expresó cómo su vida profesional como periodista ha quedado marcada por la denuncia y el escarnio público: “Doy por perdido mi sueño de alguna vez casarme y tener una familia propia”.
La abogada de la joven denunciante, Patricia Neme, presentó ante la fiscalía pruebas de una estrategia de desinformación que busca manipular la opinión pública. Según la querella, la defensa de Florentín Bobadilla filtró información falsa sobre la víctima y sus testigos a los medios, buscando desacreditar sus testimonios y crear un clima de desprestigio.
Estas filtraciones incluyeron detalles íntimos de la víctima, acusaciones falsas de robos, e incluso la publicación de sus chats privados. La joven reveló que esta exposición ha llevado a la ruptura de sus relaciones personales, pues sus amigas y testigos se han alejado tras sufrir allanamientos y secuestros de sus teléfonos.
Un pedido de justicia urgente
Solicitan la detención del imputado por obstrucción de la justicia
La abogada Neme solicitó la detención inmediata de Florentín Bobadilla, acusándolo de obstrucción a la justicia y de violar las restricciones de acercamiento impuestas por la fiscalía mediante el hostigamiento mediático. En su declaración final, la víctima expresó su desesperación por la falta de avances en el caso, cuestionando por qué, a pesar de contar con pruebas objetivas como muestras genéticas y lesiones constatadas, la causa aún no ha sido elevada a juicio.
«¿Cuántas muertes más tienen que seguir, tiene que seguir la mía, como fue la de Paola Tacacho y Karla Roble para encontrar justicia?», se preguntó, haciendo un llamado urgente a las autoridades para que actúen con rapidez y eficacia.


