El presidente venezolano Nicolás Maduro anunció el despliegue de 4,5 millones de milicianos en todo el país tras el aumento de tensiones con Estados Unidos, que reforzó su presencia militar en el Caribe y elevó a 50 millones de dólares la recompensa por su captura.
En un acto televisado, Nicolás Maduro informó que pondrá en marcha un plan de “cobertura nacional” con 4,5 millones de milicianos de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB). Aunque no precisó las zonas estratégicas, aseguró que las tropas estarán “preparadas, activadas y armadas” para defender la soberanía del país.
El mandatario venezolano calificó las acciones de Washington como un “refrito podrido de amenazas” y agradeció el respaldo de los cuerpos militares del país. Además, instó a conformar milicias obreras y campesinas en fábricas y campos, destacando que “fusiles y misiles” también deben estar al servicio de los trabajadores.
Operaciones militares en el Caribe
La decisión de Maduro surge después de que Estados Unidos intensificara su ofensiva contra el narcotráfico en la región. Según la Casa Blanca, tres buques de guerra con unos 4.000 soldados fueron desplegados en aguas cercanas a Venezuela como parte de una operación para frenar el tráfico de drogas hacia territorio estadounidense.
La portavoz presidencial Karoline Leavitt declaró que la administración Trump está dispuesta a usar “todo su poder” para enfrentar a los carteles latinoamericanos, a los que designó como organizaciones terroristas. Washington acusa directamente a Maduro de liderar, junto con altos mandos chavistas, el llamado Cartel de los Soles.
Recompensa millonaria
Como parte de la estrategia, el Departamento de Justicia elevó la recompensa por información que lleve a la captura de Maduro a 50 millones de dólares. Estas acusaciones han sido rechazadas por Caracas, que acusa a Estados Unidos de “difamación y amenazas” para justificar su política de presión.
La Cancillería venezolana emitió un comunicado en el que advirtió que las acciones de Estados Unidos ponen en riesgo la estabilidad de toda América Latina, incluyendo la Zona de Paz promovida por la CELAC.
Por su parte, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, reiteró la política de “no intervención” y defendió la solución pacífica de controversias. La mandataria subrayó que la postura mexicana es de respeto a la autodeterminación de los pueblos, en línea con la Constitución.


