Hugo Orlando Gatti, ex arquero emblemático del fútbol argentino, murió a los 80 años y dejó un legado imborrable en la historia del deporte. La noticia fue confirmada desde el hospital Pirovano, donde estaba internado en terapia intensiva desde hacía más de dos meses.
“El Loco” permanecía en coma farmacológico y había sido diagnosticado con neumonía, insuficiencia cardíaca y renal. Su internación comenzó tras una fractura de cadera que derivó en una infección intrahospitalaria y agravó su cuadro.
En la mañana del domingo, su familia informó la decisión de retirar la asistencia mecánica, ante un estado considerado irreversible. “En virtud a su estado de salud irreversible, sin posibilidad de recuperación, procederán al retiro de ventilación mecánica, en el transcurso del día”, indicaba el parte médico.
El loco que hizo del arco una fiesta
Con su muerte, Buenos Aires perdió un personaje de esos que no se repiten. La balada de Piazzolla y Ferrer estuvo inspirada en otro loco, pero calzaba perfecta para él. Y ahora, que voló alto —justo él, que decía que los buenos arqueros no necesitaban hacerlo—, su figura se agiganta.
Fue el que le dio alegría al puesto más ingrato. El que entendió cada partido como una celebración. El de la vincha, los buzos llamativos, el ídolo de los pibes que ni siquiera eran de Boca. Fue también el artista silencioso, el chico tímido de Carlos Tejedor, que llegó a la ciudad y se deslumbró con cada esquina.
La pensión de Atlanta, los gestos de Carlos Griguol y Luis Artime, la contención en los años iniciales. En el vestuario se transformaba. Era un actor que se ponía el traje, se ajustaba la vincha y salía al escenario: el césped. Allí mostraba su repertorio. Como en “la de Dios”, esa tapada que patentó para achicar en los mano a mano.
Una carrera tan larga como única
Debutó el 5 de agosto de 1962, con 17 años. Atlanta perdió con Gimnasia 2-0 y nadie imaginó que comenzaba una leyenda. Fueron dos años en los Bohemios. En 1964 lo contrató River, un salto que pareció prematuro. Allí convivió con Amadeo Carrizo y llegó a decir que era mejor que él. Nunca logró ganarse a los hinchas millonarios.
La gota final fue una camiseta de rugby azul y amarilla en plena concentración. En 1969, sin lugar en River, aceptó la oferta de Gimnasia. Allí se sintió libre. Hizo una publicidad televisiva —algo inédito entonces— donde tomaba ginebra en pleno saque de arco y convertía de arco a arco. El aviso duró años al aire.
En La Plata encontró su esencia. Seis años de actuaciones memorables. En 1975 armó las valijas: se fue a Unión de Santa Fe. Llegó con Juan Carlos Lorenzo, Mastrángelo, Suñé y Cocco. Pelearon el título mano a mano con River.
El flechazo con Boca
Boca lo fue a buscar en 1976. Había pasado media vida soñando con ese llamado. Y ahí empezó otra historia. El club y Gatti se encontraron. Fue amor a primera ovación. El Flaco Menotti lo eligió para la Selección y él respondió en Kiev, bajo la nieve, con una actuación brillante ante la Unión Soviética.
Ese año ganó su primer campeonato: el Metropolitano. En la final, ante River, hizo la mejor atajada de su vida, según dijo. Pero el punto más alto llegó el 14 de septiembre de 1977. En Montevideo, con un Centenario embarrado, atajó el penal decisivo frente a Cruzeiro y le dio a Boca su primera Copa Libertadores.
Ese año también ganó la Intercontinental ante Borussia Monchengladbach. No fue al Mundial 78 por una lesión en los meniscos. En 1979 innovó otra vez: fue el primer futbolista argentino con publicidad propia en su camiseta. Llevaba la inscripción de JET, una fábrica de videojuegos.
Últimos años, últimas batallas
Sufrió la ida de Lorenzo y la floja campaña de 1980 con Rattín. “Cuanto más conozco a la gente, más quiero a Lorenzo”, dijo, fiel a su estilo. En 1981, con Maradona —a quien había llamado “gordito”—, fue campeón del Metropolitano.
Boca entró en una etapa de crisis. Gatti resistió. Fue el faro en años oscuros. En una gira por Estados Unidos en 1984, jugó como delantero en un amistoso. En 1987, Menotti volvió al club y el Loco tuvo sus últimos destellos.
Ese mismo año apareció en un spot de la UCR. Los hinchas no se lo perdonaron. La relación se quebró. El 11 de septiembre de 1988, Boca perdió con Deportivo Armenio. Falló en el gol. Pastoriza le avisó que el nuevo arquero sería Navarro Montoya. Nunca volvió a jugar.
El personaje que vivió más allá del fútbol
El final fue desprolijo. Pastoriza anunció que no lo tendría más en cuenta. Gatti se sintió fuera. Rechazó ofertas: decía que era el mejor, aunque ya tenía 45 años. Siguió jugando picados en los bosques de Palermo. Sol y fútbol. Como siempre.
Con información de Infobae


