Una jornada de intensas manifestaciones sacudió a Perú este miércoles, dejando un saldo de al menos un muerto y más de 100 heridos. Las protestas se desataron menos de una semana después de que José Jerí asumiera la presidencia interina del país, en un contexto de creciente descontento social e inseguridad. Lima fue el epicentro de los disturbios, aunque también se registraron movilizaciones en Arequipa, Cusco, Puno y otras ciudades.
Crisis política y violencia: el primer desafío del gobierno de José Jerí
El nuevo mandatario, de 38 años y de tendencia conservadora, enfrentó su primera gran prueba tras jurar como presidente transitorio el 10 de octubre, luego de la destitución de Dina Boluarte en un juicio político exprés.
Boluarte, que había reemplazado a Pedro Castillo, fue removida por el Congreso en medio de acusaciones de inacción frente a una ola de inseguridad sin precedentes marcada por el avance del crimen organizado, las extorsiones y los asesinatos.
Jerí asumió con la promesa de restablecer el orden y gobernar hasta julio de 2026, cuando deberá entregar el poder al presidente electo en los próximos comicios generales. Sin embargo, la crisis política crónica de Perú —que ha visto pasar siete gobiernos en una década— ha minado la confianza ciudadana.
“No hay plan de seguridad”: el reclamo de los manifestantes
Colectivos de jóvenes, transportistas, artistas y organizaciones sociales habían convocado la movilización antes incluso del cambio de gobierno, como una muestra del malestar general con la clase política.
“Yo creo que hay un descontento general porque no se ha hecho nada. No hay un plan de seguridad desde el Estado”, dijo Amanda Meza, trabajadora independiente de 49 años, mientras marchaba hacia el Congreso. “La extorsión y el sicariato han crecido enormemente en el Perú”, agregó.
El movimiento Generación Z, integrado por jóvenes de entre 18 y 30 años, se posicionó como uno de los principales impulsores de las protestas. En sus marchas, flamean la bandera del anime One Piece, que se convirtió en símbolo de resistencia juvenil global frente al mal gobierno.
Una noche de enfrentamientos y represión en Lima
Los disturbios comenzaron en las inmediaciones del Congreso, donde grupos de manifestantes intentaron derribar las vallas de seguridad.
La policía respondió con gases lacrimógenos, escudos y bastones, mientras algunos manifestantes lanzaban piedras y fuegos artificiales.
Según reportó la AFP, hubo al menos 15 agentes heridos y tres detenidos, además de múltiples daños materiales. El general Óscar Arriola, jefe de la Policía Nacional, denunció un “alto nivel de violencia y agresión” contra las fuerzas de seguridad.
Aunque organizaciones de derechos humanos aún no han precisado el número total de heridos entre los manifestantes, las autoridades confirmaron más de 100 lesionados entre civiles, policías y periodistas.
El presidente José Jerí condenó la violencia y aseguró que “la protesta pacífica es un derecho, pero no se permitirá que grupos minoritarios recurran al vandalismo”.
Sin embargo, su figura también fue objeto de nuevas críticas: colectivos feministas se movilizaron en su contra tras la reapertura mediática de una denuncia por presunta violación sexual ocurrida en 2024, archivada por falta de pruebas.
Durante la protesta, desplegaron una bandera peruana con la frase “Presidente del Perú José Jerí violador”, exigiendo justicia y transparencia.


