Newell’s explotó tras perder el clásico: incidentes, represión y un equipo en caída libre

La derrota 2-0 ante Rosario Central no fue un partido más. Fue la chispa que encendió una crisis que venía acumulando presión desde hace meses. En el Coloso Marcelo Bielsa, el clásico terminó en violencia: piedrazos a la policía, corridas en el Parque de la Independencia y represión con balas de goma en los alrededores del estadio.

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Los goles de Angel Di Maria y Enzo Copetti desataron la bronca contenida. La gente se retiró del estadio entre insultos a los jugadores y a la dirigencia encabezada por Ignacio Boero. La imposibilidad de ganar el clásico como local desde hace 18 años terminó de colmar la paciencia.


Corridas y tensión en el Parque

Tras el pitazo final, el malestar bajó de las tribunas a la calle. Hubo corridas, lanzamiento de proyectiles y despliegue de caballería para dispersar a los manifestantes. Algunos hinchas se protegían detrás de autos o con maderas mientras arrojaban piedras. La policía respondió con balas de goma para intentar controlar la situación.

Durante el encuentro, el descontento ya se había hecho sentir con cánticos contra los futbolistas y la Comisión Directiva. El clásico, lejos de ser un partido bisagra, profundizó una crisis deportiva e institucional.


Un presente que asfixia

El equipo que dirige Frank Darío Kudelka ganó apenas uno de los últimos 18 partidos. Los números son alarmantes: último en la tabla anual y seriamente comprometido en la de los promedios, apenas por encima de Gimnasia de Mendoza, Sarmiento, Aldosivi y Estudiantes de Río Cuarto.

En conferencia de prensa, Kudelka no esquivó la realidad:

“Hoy estamos en el fondo del mar y hay que tener la valentía de llevar el escudo para arriba, hay que sacarlo a flote”.

El entrenador reconoció que esperaba darle una alegría a la gente, pero admitió que el equipo no estuvo a la altura.

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