El Frigorífico General Pico, empresa pampeana vinculada al origen de la marca Paty, se presentó en concurso preventivo de acreedores el 31 de marzo tras no lograr un acuerdo financiero privado. La compañía enfrenta una crisis profunda marcada por deudas millonarias, caída de la producción y conflictos laborales, lo que la llevó a recurrir a la Justicia como última alternativa para sostener su continuidad.
La situación económica de la firma ya no se limita a la caída de su actividad productiva. Según registros del Banco Central, la empresa acumula más de 1.100 cheques rechazados por un monto superior a los 15.800 millones de pesos, a lo que se suma una deuda bancaria cercana a los 24.300 millones.
Solo considerando esos dos factores, el pasivo supera los 40.000 millones de pesos, sin incluir otras obligaciones comerciales, laborales y financieras. Este escenario dejó a la compañía sin margen para continuar operando con normalidad.
Del intento de rescate a la vía judicial
Antes de recurrir al concurso preventivo, la empresa mantuvo negociaciones con un grupo inversor europeo que finalmente no prosperaron. La falta de acuerdo terminó de cerrar las alternativas privadas de financiamiento.
Desde la conducción de la firma señalaron que la presentación judicial busca garantizar la continuidad operativa, proteger los puestos de trabajo y ordenar su situación económica.
Sin embargo, también expusieron tensiones internas durante el proceso, apuntando a un grupo financiero que actúa como accionista y acreedor, al que responsabilizan por obstaculizar posibles soluciones.
Entre las opciones evaluadas figuraban propuestas de explotación a largo plazo, esquemas de salida inmediata e incluso una oferta cercana a los 40 millones de dólares mediante un sistema de leasing. Ninguna de ellas se concretó.
Caída de la producción y ajuste laboral
El deterioro no fue repentino, sino progresivo. Durante los últimos meses, la empresa comenzó a evidenciar problemas de liquidez que impactaron directamente en la operación.
A comienzos de año, el frigorífico suspendió a unos 450 trabajadores y redujo su actividad a niveles mínimos. La faena diaria, que había alcanzado las 600 cabezas con proyección a 800, cayó a apenas 50 animales por día.
Este nivel de producción resultó insuficiente para sostener los costos operativos, generando un círculo negativo: menor actividad implicó mayores costos relativos y menor capacidad de recuperación.
En paralelo, la empresa avanzó con el despido de aproximadamente 200 empleados y acumuló retrasos en pagos salariales y aportes previsionales.
La crisis también impactó en su estructura comercial. La salida de segmentos vinculados a la exportación, como la operatoria kosher destinada a Israel, marcó un punto crítico en el deterioro del negocio.
A esto se sumaron dificultades para acceder a financiamiento, presión de acreedores y la imposibilidad de sostener el volumen necesario para operar en un sector que depende de la escala.
Activos que aún sostienen expectativas
A pesar del complejo escenario, la empresa sostiene que todavía cuenta con infraestructura productiva valiosa. Destacan inversiones recientes, habilitaciones internacionales y el potencial de la planta ubicada en Trenel.
El objetivo del concurso preventivo no solo apunta a reordenar deudas, sino también a evitar una liquidación apresurada y preservar el valor industrial para una eventual reactivación o incorporación de nuevos operadores.


