Islandia propone una ley para prohibir la caza comercial de ballenas y deja a Noruega y Japón como excepciones

Islandia prepara para febrero de 2027 un proyecto legislativo que podría terminar definitivamente con la caza comercial de ballenas en sus aguas. Si avanza, el país dejaría de integrar el reducido grupo de Estados que mantienen esta actividad.

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De esta manera, Noruega y Japón quedarían como los únicos países que continúan permitiendo la captura comercial de estos grandes cetáceos a escala industrial, mientras crece la presión internacional para limitar una práctica cuestionada por razones ambientales y de bienestar animal.

El debate islandés tomó fuerza en 2023, cuando un informe encargado por el propio Gobierno reveló que algunos ejemplares arponeados podían tardar hasta dos horas en morir. Como consecuencia, ese año se dispuso una suspensión temporal de la actividad.

El nuevo proyecto fue anticipado después de que la ministra de Industrias de Islandia, Hanna Katrín Friðriksson, reclamara durante 2026 una actualización de la legislación vigente y respaldara el final de la cacería.

Actualmente, una sola compañía ballenera continúa operando en el país. Un permiso otorgado por un gobierno interino le permite desarrollar la actividad hasta 2029, situación que podría generar una transición entre las autorizaciones existentes y una eventual prohibición definitiva.

Mientras tanto, la temporada de caza se desarrolla entre junio y fines de septiembre. Hasta el 8 de septiembre de 2026 se habían capturado 80 ballenas de aleta, frente a una cuota máxima establecida de 150 ejemplares.

La situación resulta especialmente relevante porque la ballena de aleta es considerada vulnerable a la extinción por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Es, además, el segundo animal más grande del planeta después de la ballena azul.

¿Cómo se gestiona la caza de ballenas en estos países?

Islandia mantiene un sistema de permisos y cuotas para regular la captura, con autorizaciones específicas para empresas habilitadas. Aunque el Gobierno prepara una posible prohibición, el permiso actualmente vigente podría extenderse hasta 2029, por lo que el cambio legislativo no necesariamente implicaría un cese inmediato.

Noruega, por su parte, continuó la caza comercial después de objetar la moratoria internacional de la Comisión Ballenera Internacional (CBI). El país establece anualmente límites de captura y administra la actividad mediante un régimen nacional de cuotas, controles y temporadas autorizadas.

Japón adoptó otro camino: abandonó la CBI en 2019 y posteriormente retomó formalmente la caza comercial dentro de su jurisdicción. Desde entonces, la actividad se desarrolla bajo regulaciones nacionales que determinan especies, zonas y cantidades permitidas.

Ballenas y equilibrio de los ecosistemas oceánicos

El debate no se limita al número de ejemplares capturados. Las ballenas cumplen funciones ecológicas relevantes dentro de los ecosistemas marinos y su presencia está vinculada con redes alimentarias de gran escala.

Asimismo, las poblaciones de cetáceos fueron afectadas durante décadas por la explotación comercial intensiva. La moratoria internacional adoptada en 1986 permitió que distintas poblaciones comenzaran procesos de recuperación, aunque no todas las especies ni regiones evolucionaron de la misma manera.

Por eso, la eventual prohibición islandesa podría representar un cambio relevante en la política de conservación marina del país. Para los sectores que promueven el fin de la actividad, además, supone avanzar hacia un modelo en el que la protección de los ecosistemas tenga mayor peso frente a una industria de alcance reducido.

Finalmente, el proyecto deberá ingresar al Parlamento islandés en febrero de 2027. Su aprobación podría modificar el mapa mundial de la caza comercial de ballenas y dejar a Noruega y Japón como los principales países que mantienen esta práctica.

Fuente: Noticias Ambientales


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