El uso de celulares en las escuelas volvió al centro del debate educativo tras la implementación de nuevas regulaciones en distintos países, incluida la Argentina. La preocupación por la distracción en clase, el rendimiento académico y el uso excesivo de pantallas impulsó medidas para limitar estos dispositivos, mientras los primeros estudios comienzan a mostrar cuáles son sus efectos reales sobre el aprendizaje y la convivencia escolar.
El avance de las regulaciones en las escuelas
En los últimos años, sistemas educativos de diferentes países adoptaron políticas para restringir el uso de teléfonos celulares durante la jornada escolar. Las iniciativas incluyen desde prohibiciones parciales hasta sistemas de guardado mediante fundas, casilleros o cajas especiales.
El objetivo principal consiste en reducir las interrupciones provocadas por las notificaciones, las redes sociales y otras aplicaciones que afectan la concentración de los estudiantes durante las clases.
Argentina, entre los países con mayor distracción por celulares
Los datos de las pruebas PISA 2022 ubicaron a la Argentina, junto con Uruguay y Chile, entre los países donde los alumnos reportan mayores niveles de distracción por el uso del celular dentro del aula.
Especialistas sostienen que el problema no se limita al tiempo que los estudiantes utilizan el dispositivo en la escuela, sino que también refleja hábitos digitales adquiridos fuera del ámbito educativo.
Qué muestran los primeros estudios
Las investigaciones más recientes presentan resultados más complejos que una simple mejora o deterioro del rendimiento escolar.
Un estudio realizado en el Reino Unido no encontró cambios significativos en el desempeño académico general entre escuelas con restricciones y aquellas que permitían el uso de celulares. Además, observó que los hábitos de uso fuera del horario escolar permanecían prácticamente iguales.
En Estados Unidos, una investigación que analizó más de 40.000 escuelas detectó que las restricciones físicas redujeron cerca de un 30% el uso del celular durante la jornada escolar hacia el tercer año de implementación.
Sin embargo, el impacto sobre las calificaciones fue limitado. En algunos establecimientos secundarios aparecieron mejoras moderadas, especialmente en Matemática, mientras que durante el primer año aumentaron las sanciones disciplinarias y descendió la percepción de bienestar estudiantil. Con el paso del tiempo, esos indicadores comenzaron a estabilizarse.
La atención y la convivencia, entre los principales beneficios
Especialistas en educación y bienestar digital coinciden en que limitar el uso del celular puede mejorar el clima escolar, aunque eso no implique automáticamente mejores notas.
Las escuelas que implementaron restricciones reportaron mayor interacción entre los alumnos durante los recreos, más actividades compartidas y una disminución de las interrupciones generadas por redes sociales y mensajería instantánea. También observaron una recuperación de espacios de conversación cara a cara.
La educación digital sigue siendo clave
Los expertos advierten que prohibir el celular por sí solo no resuelve el problema del uso excesivo de pantallas.
Plantean que las instituciones educativas deben enseñar competencias digitales, promover hábitos saludables y desarrollar pensamiento crítico sobre el funcionamiento de las plataformas, los algoritmos y las redes sociales.
También señalan que las políticas deben adaptarse a la realidad de cada comunidad educativa, ya que en algunas escuelas el teléfono móvil representa el único dispositivo digital disponible para muchos estudiantes.


