El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, derrotó a Flávio Bolsonaro en el balotaje presidencial y consiguió un cuarto mandato al frente del país. Con el 51,75% de los votos, superó al senador del Partido Liberal (PL), que alcanzó el 48,25%, en una elección atravesada por cuestionamientos a la decisión de extender el horario de votación.
A sus 80 años, el líder del Partido de los Trabajadores (PT) se prepara para gobernar Brasil durante otros cuatro años. El resultado revirtió los pronósticos de las encuestas, que ubicaban a Bolsonaro como favorito, y frenó el avance de las fuerzas conservadoras en América Latina.
La victoria también tiene un peso regional. Brasil, la mayor economía latinoamericana, seguirá fuera del bloque de gobiernos cercanos al presidente estadounidense Donald Trump, que ganó influencia en distintos países de la región.
Durante la campaña, Lula puso el foco en la defensa de la soberanía nacional y presentó la elección como una disputa entre un Brasil autónomo y otro subordinado a Washington. Su triunfo aleja, por ahora, la posibilidad de que el país se sume al Escudo de las Américas o declare organizaciones criminales como grupos terroristas, medidas que el mandatario rechazó por considerar que podrían habilitar la injerencia extranjera.
La elección también tuvo repercusiones en la relación con la Argentina. El presidente Javier Milei respaldó de forma abierta a Flávio Bolsonaro, en medio de las tensiones diplomáticas con Lula. La derrota del candidato del PL deja un escenario incierto para el vínculo entre Buenos Aires y Brasilia, los dos principales socios del Mercosur.
Una victoria con un escenario político complejo
El triunfo no le garantiza a Lula un gobierno sencillo. El Congreso tiene una fuerte presencia opositora y el bolsonarismo conserva una base electoral cercana a la mitad del país, con representación política en el Partido Liberal.
A ese panorama se suman los cuestionamientos que afectan al Supremo Tribunal Federal (STF). La combinación de un Parlamento adverso, una oposición consolidada y una sociedad dividida anticipa dificultades para impulsar la agenda del próximo mandato.
La extensión del horario de votación desató cuestionamientos
La jornada electoral estuvo marcada por una decisión judicial que alteró el cierre de los comicios. Cuando la votación debía terminar a las 17, ambas campañas pidieron una prórroga por problemas con el transporte público en nueve estados y por las fuertes lluvias en el sur del país.
La coalición de Lula denunció la falta de colectivos en Salvador, Feira de Santana y Lauro de Freitas, en el estado de Bahía, además de dificultades en San Pablo. Eran distritos donde Flávio Bolsonaro había obtenido ventaja en la primera vuelta.
El presidente del Tribunal Superior Electoral (TSE), Kassio Nunes Marques, reconoció los problemas con el transporte, aunque no resolvió el pedido de extensión. La decisión quedó en manos del juez del Supremo Tribunal Federal Cristiano Zanin, quien ordenó prolongar la votación hasta las 19 en todo el país.
Zanin, exabogado de Lula y designado por el presidente para integrar la Corte en 2023, tomó la medida pese a que la Fiscalía Electoral defendía el cumplimiento del horario previsto por la ley.
La resolución llegó cuando el escrutinio ya había comenzado. Con apenas el 0,25% de los votos contados, el TSE suspendió la difusión de resultados parciales mientras las urnas permanecían abiertas.
La decisión generó confusión en distintos centros de votación. Algunas escuelas ya habían cerrado a las 17 y dejaron afuera a personas que llegaron después; en otras, las autoridades ya habían emitido los boletines de urna.
Ante esa situación, Zanin aclaró que la extensión solo alcanzaba a las mesas que continuaban abiertas. Los votos de los centros que habían cerrado a la hora prevista se contarían con normalidad.


