La caída del consumo en Argentina profundiza la crisis de miles de trabajadores informales y de la economía popular que dependen de las compras diarias para subsistir. Cartoneros, feriantes, cooperativistas, repartidores y costureras denuncian menos ingresos, jornadas más extensas y mayores dificultades para acceder a alimentos y servicios básicos en medio del ajuste económico impulsado por el gobierno de Javier Milei.
La baja del consumo ya impacta en supermercados, comercios y fábricas, pero también golpea con fuerza a sectores históricamente precarizados. Según datos de la consultora Scentia, el consumo masivo cayó un 5,1% interanual en marzo y acumuló tres meses consecutivos en retroceso. El fenómeno afecta especialmente a quienes viven de actividades vinculadas al reciclado, las changas, las ferias y el trabajo comunitario.
La economía popular, entre menos trabajo y más precarización
La reducción del poder adquisitivo provocó una caída en las ventas, en la actividad industrial y en la demanda de servicios informales. Esto generó un efecto dominó que afecta a miles de familias que sobreviven con ingresos diarios.
Jonatan Castillo, cartonero de Avellaneda, describió que el precio del cartón y otros materiales reciclables cayó cerca de un 50%, mientras el costo de vida sigue en aumento. Además, aseguró que las jornadas laborales se extendieron hasta 14 horas diarias para intentar cubrir gastos básicos.
El deterioro también alcanza al sector textil y del calzado. Trabajadores de cooperativas y pequeños talleres sostienen que la apertura de importaciones y la caída del consumo interno provocaron cierres, reducción de producción y pérdida de empleo.
En Gerli, un taller de calzado que antes producía mil pares semanales ahora apenas alcanza los 300. Sus trabajadores aseguran que muchos debieron buscar changas extras para sostener alquileres, alimentos y gastos familiares.
Más horas de trabajo para ganar menos
La crisis económica incrementó la cantidad de personas que recurren a trabajos informales como reparto y cadetería. Sin embargo, la competencia crece mientras disminuyen los pedidos y el nivel de consumo.
Desde la cooperativa de reparto Coopexpress, en Rosario, señalaron que muchos trabajadores deben extender sus jornadas hasta 12 horas para obtener ingresos similares a los de meses anteriores, aunque con un poder adquisitivo mucho menor.
La situación también afecta a trabajadores de salud, asistentes comunitarios y monotributistas que combinan dos o tres empleos para cubrir gastos básicos. En muchos hogares, una parte importante de los ingresos se destina a medicamentos, alquileres o deudas acumuladas.
Ollas populares y asistencia comunitaria en aumento
Organizaciones sociales y comedores comunitarios registran un fuerte crecimiento en la demanda de alimentos. Trabajadoras sociales y cocineras comunitarias afirman que cada vez más familias necesitan ayuda para garantizar al menos una comida diaria.
En distintos barrios del conurbano bonaerense, las ollas populares duplicaron y hasta triplicaron la cantidad de personas que asisten. Muchas iniciativas funcionan únicamente con donaciones y aportes vecinales ante la reducción de la asistencia estatal.
Datos del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA indican que la Asignación Universal por Hijo y la Tarjeta Alimentar cubren actualmente menos del 40% del costo de los alimentos básicos, muy por debajo de los niveles registrados meses atrás.
El impacto del ajuste sobre programas sociales
El Gobierno nacional reemplazó el programa Potenciar Trabajo por los planes Volver al Trabajo y Acompañamiento Social. Sin embargo, organizaciones sociales denuncian recortes de beneficiarios y el congelamiento del monto mensual en 78 mil pesos desde principios de 2024.
Referentes de la economía popular sostienen que estos ingresos funcionaban como complemento indispensable para trabajadores informales, especialmente en sectores afectados por la caída de la actividad económica.
Además, advierten que la eliminación de políticas de reciclado inclusivo, la apertura de importaciones y el deterioro industrial profundizan la crisis de cooperativas y emprendimientos barriales.
Una crisis que golpea más fuerte a los sectores vulnerables
Especialistas del Centro de Capacitación y Estudios sobre Trabajo y Desarrollo de la UNSAM señalaron que en los últimos años creció el trabajo informal por cuenta propia, aunque con ingresos cada vez más bajos y menor capacidad de sostener a las familias.
Mientras las estadísticas reflejan la caída del consumo y de la actividad económica, miles de trabajadores sostienen que la situación real se expresa en jornadas más largas, endeudamiento, comedores desbordados y dificultades crecientes para acceder a una alimentación adecuada.
La crisis económica actual deja en evidencia que, para amplios sectores de la economía popular, tener trabajo ya no garantiza salir de la pobreza ni asegurar un plato de comida diario.


