Alerta por El Niño: más lluvias, sequías y dengue

El fenómeno comenzó a desarrollarse durante 2026 y los especialistas advierten que sus efectos podrían prolongarse hasta principios de 2027. Su impacto no depende únicamente de la intensidad del evento, sino también de la interacción con el calentamiento global y las condiciones particulares de cada territorio.

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Según las proyecciones citadas por especialistas, durante el trimestre julio-agosto-septiembre existe una probabilidad cercana al 100% de continuidad de la fase de El Niño. Además, distintos modelos estiman entre un 72% y un 82% de posibilidades de que el fenómeno alcance plenamente su desarrollo durante los próximos meses.

Más de la mitad de los modelos analizados proyectan que las anomalías de temperatura superficial del océano Pacífico podrían superar los 3 °C hacia diciembre, una magnitud comparable con la registrada durante el episodio extremo de 2015-2016.

Lluvias intensas en algunas zonas y sequías en otras

El comportamiento de El Niño puede generar efectos opuestos dentro de la región. Las previsiones apuntan a lluvias intensas e inundaciones en sectores de México, Perú, Ecuador, Chile y Uruguay.

Al mismo tiempo, el Corredor Seco de Centroamérica, el norte de Brasil, Colombia y Venezuela podrían atravesar períodos de sequía más severa.

Este contraste puede afectar tanto a la producción de alimentos como a la disponibilidad y calidad del agua, especialmente en comunidades que dependen de fuentes vulnerables.

El dengue, entre las principales preocupaciones

Uno de los riesgos sanitarios que genera mayor atención es el aumento de enfermedades transmitidas por mosquitos. Durante el ciclo 2023-2024, América Latina registró una temporada de dengue sin precedentes, con un incremento del 600% en los países andinos y del Cono Sur, según los datos citados en el análisis.

El aumento de las temperaturas puede acelerar el desarrollo de los mosquitos y reducir el tiempo necesario para que el virus complete su proceso de incubación dentro del vector. Esto puede adelantar los períodos de mayor transmisión.

La sequía también puede incrementar el riesgo. Cuando disminuye el suministro de agua, los hogares suelen almacenar mayores cantidades en recipientes, que pueden convertirse en criaderos si no cuentan con un adecuado manejo y protección.

La Organización Mundial de la Salud también advierte que El Niño puede modificar los patrones de transmisión de enfermedades transmitidas por vectores, roedores y agua, además de aumentar los riesgos asociados a fenómenos meteorológicos extremos.

Agua segura y contaminación

Las inundaciones y las sequías presentan problemas diferentes, pero ambos pueden comprometer el acceso al agua segura.

Durante las inundaciones, los desbordes de sistemas cloacales pueden contaminar pozos y redes de distribución. En los períodos de sequía, en cambio, la reducción de las reservas puede limitar el acceso al agua potable y favorecer el uso de fuentes inseguras.

La Organización Panamericana de la Salud señala que El Niño puede favorecer inundaciones, sequías y olas de calor, con consecuencias que incluyen enfermedades transmitidas por el agua y vectores, contaminación atmosférica y afectaciones sobre los sistemas sanitarios.

Un antecedente que preocupa a la región

Los efectos combinados del clima extremo y El Niño ya dejaron consecuencias importantes en América Latina. La Organización Meteorológica Mundial informó que durante 2023 las sequías, las olas de calor, los incendios, las lluvias extremas y las inundaciones tuvieron impacto sobre la salud, la seguridad alimentaria y la actividad económica regional.

El organismo también señaló que más de 150 millones de personas de América Latina y el Caribe viven en zonas donde se superan los valores de calidad del aire establecidos por la OMS. Además, el cambio en las temperaturas y las precipitaciones favorece la expansión de enfermedades como el dengue y el paludismo.

La prevención será clave

Los especialistas remarcan que las consecuencias de El Niño no pueden anticiparse con precisión absoluta, pero sí es posible identificar escenarios de riesgo y fortalecer la preparación.

Entre las principales medidas se encuentran la vigilancia epidemiológica, el monitoreo de las poblaciones de mosquitos, la eliminación de posibles criaderos, una gestión adecuada de los residuos y el fortalecimiento de los sistemas de salud.

También resulta fundamental garantizar el acceso al agua segura y comunicar de manera anticipada las alertas a las comunidades que podrían quedar más expuestas.

El desafío para América Latina

El Niño extremo plantea un escenario que combina amenazas climáticas y sanitarias. Inundaciones, sequías, contaminación del agua y aumento de enfermedades pueden presentarse de manera simultánea en distintos puntos de la región.

La principal herramienta para reducir el impacto será anticiparse a los escenarios previstos, fortalecer los sistemas de alerta y sostener las medidas de prevención antes de que llegue el período de mayor riesgo.


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