Niños sicarios en Rosario: cómo operaban las bandas narco

La investigación sobre la ola de violencia narco que sacudió a Rosario en marzo de 2024 reveló cómo bandas criminales utilizaron adolescentes de 15 años para ejecutar asesinatos por encargo. Los jóvenes fueron reclutados para cometer ataques contra trabajadores al azar en distintos puntos de la ciudad, en una estrategia diseñada para sembrar terror y desafiar al poder político y judicial.

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Cómo actuaban los niños sicarios en Rosario

Según la reconstrucción de los hechos, las organizaciones criminales eligieron menores de edad porque consideraban que tendrían menos consecuencias penales. Los adolescentes recibían órdenes precisas, armas y logística para ejecutar los ataques, mientras los líderes coordinaban las operaciones desde cárceles mediante comunicaciones clandestinas.

La secuencia de crímenes comenzó con ataques dirigidos contra trabajadores esenciales. Entre las víctimas estuvieron los taxistas Héctor Figueroa y Diego Celentano, el colectivero Marcos Daloia y el playero Bruno Bussanich. Ninguno de los asesinatos tuvo fines de robo, ya que los agresores dejaron pertenencias y dinero en las escenas del crimen.

El objetivo de las bandas era provocar miedo colectivo, paralizar servicios públicos y enviar un mensaje de presión al gobierno provincial tras el endurecimiento de controles en cárceles santafesinas.

La estrategia narco para sembrar terror

Los investigadores determinaron que los ataques fueron planificados para ocurrir en noches consecutivas. De esa manera, la violencia permanecía constantemente en la agenda pública y generaba una sensación de inseguridad permanente entre los habitantes de Rosario.

Además de los homicidios, hubo ataques a colectivos, disparos contra instalaciones policiales y amenazas dirigidas a distintos sectores de la ciudad. La difusión de rumores en redes sociales y grupos de mensajería amplificó el temor durante aquellos días.

La organización buscaba que taxistas, colectiveros y otros trabajadores suspendieran actividades, afectando el funcionamiento normal de Rosario.

Cuánto cobraban los adolescentes por matar

La investigación periodística que reconstruyó los hechos reveló que los menores recibían entre 200.000 y 300.000 pesos por cada ataque ejecutado. El dinero era entregado inmediatamente después de los crímenes.

Tras los asesinatos, algunos de los adolescentes utilizaron la plata para realizar compras en centros comerciales, consumir comida rápida y adquirir zapatillas y otros productos. El dinero se agotaba en pocas horas, mientras esperaban nuevas órdenes para continuar con las operaciones criminales.

El reclutamiento de menores en barrios vulnerables

El caso también expuso la capacidad de las bandas narco para captar adolescentes en sectores vulnerables de Rosario. En esos barrios, las organizaciones controlan territorios, manejan puntos de venta de droga y cuentan con estructuras que facilitan el reclutamiento de jóvenes.

Los investigadores sostienen que las bandas aprovechan la falta de oportunidades y promueven una cultura donde el dinero rápido y la violencia aparecen como símbolos de poder y éxito.

El fenómeno preocupa a las autoridades porque muestra cómo el narcotráfico no solo controla actividades ilegales, sino que también influye en la vida cotidiana de cientos de jóvenes expuestos a estas redes criminales.

La trama detrás de los niños sicarios de Rosario dejó al descubierto uno de los mecanismos más extremos del narcotráfico urbano en Argentina. El uso de menores para ejecutar asesinatos, combinado con estructuras criminales que operaban desde las cárceles, marcó uno de los episodios más violentos de la historia reciente de la ciudad y encendió las alarmas sobre el avance de estas organizaciones en sectores vulnerables.


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