Alerta por El Niño: qué zonas de Argentina están en riesgo

El fenómeno de El Niño ya comenzó a instalarse y genera preocupación por sus posibles efectos sobre el clima argentino. Según las proyecciones de organismos meteorológicos internacionales, existe más de un 90% de probabilidad de que el evento alcance una intensidad fuerte, lo que podría provocar un aumento de las precipitaciones y elevar el riesgo de inundaciones en distintas regiones del país.

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El Litoral, entre las regiones más expuestas

El Litoral aparece como una de las zonas con mayor nivel de vulnerabilidad frente al avance de El Niño. La región forma parte de la cuenca del Plata y podría recibir un incremento significativo de las lluvias durante los próximos meses.

La mayor cantidad de precipitaciones también puede generar un aumento del caudal de algunos de los principales ríos de la región. Entre los cursos de agua que podrían verse afectados se encuentran los ríos Paraná, Uruguay, Paraguay e Iguazú.

El impacto no se limitaría al Litoral. También podrían registrarse efectos en sectores del centro y norte de Argentina, aunque las señales climáticas son menos marcadas que en la región vinculada a la cuenca del Plata.

Qué puede ocurrir en la Pampa Húmeda

La Pampa Húmeda también se encuentra entre las áreas que deberán seguir de cerca la evolución del fenómeno. En este caso, el principal riesgo está relacionado con las consecuencias que podrían generar las precipitaciones intensas sobre las actividades agropecuarias.

Los especialistas advierten que un exceso de agua puede provocar anegamientos y complicaciones para los productores, especialmente si las lluvias se concentran en períodos cortos.

Para el sector agrícola, el comportamiento de las precipitaciones durante la primavera y el verano será un factor determinante.

Más nevadas en la zona cordillerana

El impacto de El Niño no será igual en todo el territorio argentino. En la región de Cuyo y los Andes centrales, el fenómeno puede generar condiciones favorables para un incremento de las nevadas.

Las precipitaciones invernales en la cordillera tienen además consecuencias posteriores. Una mayor acumulación de nieve puede traducirse en un aumento de los caudales durante el verano, cuando se produce el deshielo.

De esta manera, el mismo fenómeno climático puede generar riesgos vinculados al exceso de agua en algunas regiones y aportar beneficios hídricos en otras.

Hasta cuándo podría extenderse El Niño

Las estimaciones de los especialistas indican que el fenómeno comenzó entre abril y mayo de 2026 y podría mantenerse hasta el otoño de 2027.

Carolina Vera, profesora emérita de la Universidad de Buenos Aires e investigadora principal del Conicet, explicó que un episodio de El Niño suele extenderse aproximadamente durante un año.

Además, aclaró que la expresión “Súper Niño”, utilizada en algunos medios para describir la intensidad del fenómeno, no constituye una denominación científica oficial.

Qué es El Niño y por qué afecta a Argentina

El Niño es un fenómeno climático asociado con un calentamiento anormal de las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial. Ese cambio modifica la circulación atmosférica y puede alterar los patrones habituales de temperatura y precipitaciones a escala global.

En Argentina, sus efectos suelen sentirse con mayor intensidad durante la primavera y el verano. El fenómeno puede favorecer un aumento de las lluvias en el noreste y centro del país, aunque también incrementa el riesgo de crecidas e inundaciones.

El comportamiento final dependerá de la evolución del fenómeno y de otros factores atmosféricos que pueden modificar su impacto sobre cada región.

Un escenario que exige seguimiento

El avance de El Niño plantea un escenario climático que requiere especial atención en las zonas con mayor exposición a lluvias intensas y crecidas de ríos. El Litoral aparece como uno de los principales focos de riesgo, mientras que la Pampa Húmeda y otras regiones del centro y norte también podrían enfrentar consecuencias.

La evolución durante los próximos meses será clave para determinar la magnitud de las precipitaciones y sus efectos sobre las ciudades, los cursos de agua y las actividades productivas.


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