The Nature Conservancy (TNC) Argentina, en alianza con John Deere, productores locales, instituciones académicas y empresas forestales, logró plantar más de 100.000 árboles nativos en el Gran Chaco argentino. La iniciativa recuperó 367,2 hectáreas y busca reconstruir la conectividad ecológica en paisajes fragmentados por la agricultura y la ganadería.
El proyecto se desarrolló en Santa Fe, Santiago del Estero y Chaco, integrando producción y conservación mediante los llamados agrocorredores, que permiten que la biodiversidad y la actividad agropecuaria convivan de manera sustentable.
Especies clave y tecnología innovadora
El algarrobo blanco (Neltuma alba) representó cerca del 80% de los árboles plantados, elegido por su resistencia a la sequía y su capacidad de regenerar suelos, mejorar la infiltración de agua y alimentar a la fauna silvestre.
Además de la plantación manual, se incorporó tecnología de siembra aérea con drones, en colaboración con la startup ReForest Latam, lo que amplió el alcance y la eficiencia del proyecto.
Alianzas y participación comunitaria
La empresa Nativas articuló con productores locales y diseñó las reforestaciones bajo criterios ambientales y productivos. Optimizar Forestal aportó 80.000 árboles y coordinó cuadrillas capaces de implantar hasta 2.500 ejemplares por jornada.
Los productores participantes debían cumplir requisitos: no desmontar áreas de alto valor de conservación, restaurar sectores degradados y comprometerse a proteger los árboles a largo plazo.
La Facultad de Ciencias Forestales de la UNSE produjo 20.000 ejemplares nativos y aportó investigación y capacitación. Se realizaron talleres en escuelas rurales y comunidades campesinas para recuperar conocimientos tradicionales y sensibilizar sobre la importancia de conservar los bosques.
Gran Chaco
La iniciativa en el Gran Chaco busca recuperar 367,2 hectáreas con árboles nativos para mejorar la biodiversidad y agricultura.
Los productores destacan beneficios directos:
Ganadería regenerativa: sombra para el ganado, mayor confort, aumento de peso y mejora reproductiva.
Resiliencia climática: suelos más sanos y capacidad de enfrentar sequías e inundaciones.
Ingresos alternativos: producción de harina, miel, plantas tintóreas y medicinales.
El monitoreo realizado por Nativas registró una tasa de supervivencia cercana al 90%, favorecida por buenas precipitaciones.
Testimonios locales
Mario Oertlinger, productor ganadero: “El beneficio es que el campo tenga sombra en cualquier parte en que el animal se encuentre y tenga confort. Así va a aumentar la ganancia de peso diaria y disminuir los abortos por calor”.
Mariano Fiori, ganadero regenerativo: “Imagino el campo con suelos recuperados, biodiversidad y resiliencia frente a eventos climáticos extremos”.
Sandra Bravo, investigadora de la UNSE: “Estamos plantando una nueva visión, mejorando la calidad de vida de los habitantes y preparándolos para el cambio climático”.
El hito de los 100.000 árboles plantados es tanto un logro concreto como un punto de partida para replicar modelos de restauración en el vasto territorio del Gran Chaco.
La iniciativa demuestra que producción y conservación pueden avanzar juntas, generando beneficios ambientales, sociales y económicos para las comunidades locales.
Fuente: Noticias Ambientales


