El consumo de alimentos volvió a caer y los almaceneros advierten cambios cada vez más marcados en los hábitos de compra. En septiembre, las ventas de Alimentos y bebidas de las pymes cayeron 3,1% interanual y 1,7% frente a agosto, de acuerdo con el relevamiento de CAME.
El escenario se refleja en los comercios de cercanía. Las familias priorizan productos básicos, reducen cantidades y buscan segundas marcas, opciones más económicas y presentaciones fraccionadas.
Fernando Savore, vicepresidente de la Confederación General de Almaceneros (CGA), describió el impacto de la situación y sostuvo que el ajuste de los hogares ya forma parte de la vida cotidiana.
“Es como un tobogán. Cada vez tenemos que resignar cosas”, afirmó Savore al analizar la evolución del consumo y el poder adquisitivo.
Las segundas marcas ganan lugar en las góndolas
Uno de los cambios más visibles aparece en la elección de marcas. Savore explicó que los consumidores reemplazan productos de primeras marcas por alternativas de pequeñas y medianas empresas.
Como ejemplo, mencionó el pan lactal. Mientras un producto de primera marca puede costar alrededor de $6.000, una alternativa de una pyme puede encontrarse por la mitad.
“Las marcas pymes van corriendo de la góndola a la primera marca”, sostuvo el dirigente.
El cambio también alcanza a otros alimentos. Savore contó que en su comercio reemplazó cereales en caja por productos a granel, con el objetivo de reducir el precio final para los clientes.
Los gastos fijos reducen el dinero para comprar
Para el dirigente de los almaceneros, la presión sobre el consumo no responde solo al precio de los alimentos. También pesa el aumento de los gastos necesarios para sostener un hogar.
Las familias deben afrontar luz, gas, agua, alquiler y otros gastos cotidianos, lo que reduce el dinero disponible para alimentos y otros productos.
“El 40% se va en esas obligaciones. Entonces, solo el 60% le queda para pasar el mes”, afirmó Savore.
La situación se vuelve más compleja para quienes pagan alquiler. Savore sostuvo que algunas personas optaron por volver a vivir con familiares como una forma de reducir gastos.
Los almacenes también sienten la caída
La baja del consumo impacta también en los pequeños comercios. Savore contó que observa persianas cerradas en centros comerciales, incluso en sectores con un importante movimiento de personas.
Los comerciantes deben reducir sus márgenes de rentabilidad, buscar mejores precios y adaptar sus estrategias para sostener las ventas.
“La rentabilidad cada vez caminamos más finitos”, resumió.
A este escenario se suma el crecimiento del comercio electrónico, una tendencia que, de acuerdo con Savore, todavía es subestimada por parte de los pequeños comerciantes.
El dirigente planteó la necesidad de reinventar los negocios, promocionar productos en redes sociales y generar nuevas formas de llegar a los consumidores.
“Facebook es gratis, Instagram es gratis. Bueno, empiezan a publicar su negocio, motívenlo”, recomendó.
Menos carne vacuna y más alternativas económicas
El ajuste también alcanza a la carne vacuna, que perdió espacio frente a opciones más económicas, como el pollo.
Durante los primeros ocho meses de 2026, el abastecimiento de carne vacuna destinado al mercado interno cayó 11,3% interanual, mientras que las exportaciones crecieron 6,5%.
En agosto, el consumo aparente de carne vacuna se ubicó en 46 kilos anuales por habitante, con una caída del 9,5% respecto del mismo período del año anterior.
El comportamiento forma parte de un escenario de debilidad del comercio minorista. Las ventas de las pymes crecieron apenas 0,3% interanual en septiembre, pero retrocedieron 1,2% mensual y acumularon una caída del 2,1% en los primeros nueve meses del año.
Para Savore, detrás de esos números aparecen familias que modificaron sus prioridades y comerciantes que deben buscar nuevas estrategias para sostener sus negocios.
“Todos los días uno tiene que ver el negocio y decir qué valor agregado tengo que agregar y sobre eso trabajar”, concluyó.


