Los arándanos tienen un encanto especial: son considerados superalimentos y por eso muchos eligen consumirlos mezclados con yogur o avena en el desayuno. Pero también, estos frutos azules le aportan un toque sofisticado y colorido a cualquier receta dulce, como en esta tarta de queso y arándanos, muy fácil y sabrosa.
Podemos prepararla en un molde desmontable, pero también en una fuente apta para horno, y cortarla en porciones. Su base se arma en minutos con galletitas trituradas y un toque de avena que le da una textura rústica y crujiente única.
Ingredientes
Para la base:
200 g de galletitas dulces secas ( tipo Maná, Lincoln o la que quieras)
1/3 de taza de avena arrollada fina
80 g de manteca derretida
Para el relleno y la cubierta:
200 g de queso crema
2 huevos
1/3 de taza de azúcar (o azúcar mascabo)
1 cucharadita de esencia de vainilla
1 cajita y media de arándanos frescos (para usar dentro de la crema y decorar por encima)
Azúcar impalpable para espolvorear
Paso a paso
La base crocante: Procesar o triturar las galletitas hasta que queden hechas polvo finos. Mezclarlas en un bowl con la avena arrollada y la manteca derretida hasta formar una textura similar a «arena mojada». Volcar en un molde para tarta desmontable (o tartera común), presionar bien con la base de un vaso contra el fondo y los bordes para compactar. Llevar a la heladera 15 minutos.
La crema que cuaja al horno: En un bol, batir ligeramente el queso crema con los huevos, el azúcar y la vainilla hasta obtener una preparación homogénea y sin grumos.
El armado: Verter la crema de queso dentro de la base de galletitas y avena ya fría. Distribuir un puñado de arándanos frescos sumergiéndolos suavemente dentro de la crema.
Horneado: Llevar a horno moderado (180 °C) durante unos 20 a 25 minutos, hasta que la crema se note firme al mover el molde pero todavía ligeramente húmeda en el centro. Retirar y dejar enfriar por completo a temperatura ambiente (luego llevar a la heladera al menos 2 horas para que tome consistencia).
La decoración final: Al momento de servir, cubrir toda la superficie con el resto de los arándanos frescos tal como vienen de la cajita, sumar unas hojitas de menta fresca para dar color y terminar con una lluvia sutil de azúcar impalpable.
Secretos para que te quede de pastelería
El toque de la avena: Añadir 1/3 de avena a la base de galletitas no solo aporta fibra y mejor textura crocante, sino que evita que la base se humedezca demasiado al entrar en contacto con la crema.
No sobrecocinar la crema: Al igual que un cheesecake, la crema debe terminar de tomar su textura firme gracias al frío de la heladera. Si te pasás de horno, puede agrietarse.
Arándanos naturales: Reservar una parte de los arándanos para el final genera ese contraste visual hermoso entre la fruta fresca y el relleno cremoso que entra por los ojos
Fuente: Pronto


