Hay fechas que no quedan encerradas en los calendarios. Se convierten en memoria. El 16 de septiembre de 1976, hace ya 50 años, cuando Argentina atravesaba los primeros meses de la última dictadura cívico-militar, la más cruenta y asesina de la historia, comenzaron en La Plata una serie de secuestros que marcarían para siempre la historia del movimiento estudiantil y de los derechos humanos.
Así las cosas, este miércoles 16 de septiembre se cumplen 50 años de La Noche de los Lápices, uno de los episodios más brutales del terrorismo de estado contra jóvenes estudiantes que reclamaban por el boleto escolar secundario, entre otras demandas justas e igualitarias.
La Noche de los Lápices: un poco de historia
Entre el 16 y el 21 de septiembre de 1976, grupos de tareas secuestraron a estudiantes secundarios de La Plata, muchos de ellos vinculados a la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) y a otras organizaciones políticas. La mayoría tenía entre 16 y 18 años. Fueron llevados a centros clandestinos de detención, entre ellos Arana y el Pozo de Banfield, donde fueron sometidos a torturas.
Los jóvenes que permanecen desaparecidos son Claudia Falcone, Francisco López Muntaner, María Clara Ciocchini, Horacio Ungaro, Daniel Racero y Claudio de Acha. Tenían entre 16 y 18 años.
Otros cuatro jóvenes sobrevivieron: Gustavo Calotti, Emilce Moler, Patricia Miranda y Pablo Díaz. Sus testimonios fueron fundamentales para reconstruir lo ocurrido en aquellos días de septiembre de 1976.
Una historia que no comenzó aquella noche
Durante años, la historia de La Noche de los Lápices quedó asociada principalmente al reclamo por el Boleto Estudiantil Secundario. Sin embargo, investigaciones y testimonios de sobrevivientes permitieron complejizar esa explicación.
Las movilizaciones por el boleto habían ocurrido en 1975, durante el gobierno constitucional previo al golpe de Estado. Algunos de los jóvenes secuestrados habían participado de aquellas protestas, pero también tenían militancia política y estudiantil.
Emilce Moler, sobreviviente del operativo, explicó que durante su secuestro nunca fue interrogada específicamente por el boleto, sino por su militancia en la UES.
La Comisión Provincial por la Memoria también señala que la represión alcanzó a numerosos adolescentes y jóvenes de distintas partes del país. El caso de La Plata se transformó, con el paso del tiempo, en uno de los acontecimientos emblemáticos para comprender la persecución que sufrió la juventud organizada durante la dictadura.
Jóvenes frente al terror
La historia de aquellos estudiantes también permite observar el lugar que ocupaba la juventud en la Argentina de los años 70.
Eran estudiantes, militantes, hijos, amigos. Tenían proyectos personales y colectivos. Participaban en sus escuelas y discutían sobre el país que querían construir.
La dictadura convirtió la participación política y social en un motivo de persecución. Las escuelas, que habían sido espacios de organización y participación, también fueron alcanzadas por las políticas represivas del régimen dictatorial.
Por eso, La Noche de los Lápices no puede ser entendida únicamente como el relato de una noche. Fue parte de un dispositivo represivo y genocida mucho más amplio, desplegado por el terrorismo de estado.
De la tragedia al símbolo
Con el regreso de la democracia, los nombres de aquellos jóvenes comenzaron a ocupar un lugar central en las nuevas generaciones.
Desde 1986, las movilizaciones por La Noche de los Lápices se transformaron en un espacio de encuentro para distintos grupos de jóvenes. Con el paso del tiempo, la fecha también fue incorporando nuevos reclamos vinculados con la educación, los derechos humanos y la participación estudiantil.
En 2014, el Congreso de la Nación sancionó la Ley 27.002, que estableció el 16 de septiembre como el Día Nacional de la Juventud, en conmemoración de La Noche de los Lápices.
Así, una fecha marcada por el secuestro, la tortura y la desaparición se transformó también en una jornada para reivindicar la participación de las nuevas generaciones.
Condenas a los represores
En marzo de 2024, finalizó el juicio oral y público iniciado en octubre de 2020, en medio de la pandemia por el Covid-19. Durante el proceso, el Tribunal Oral Federal N° 1 de La Plata, analizó las responsabilidades del Ejército, a través de la Brigada de Infantería Mecanizada N° 3 con sede en La Tablada, que estaba a cargo del área 112 que abarcaba los partidos de Avellaneda, Lanús y Lomas de Zamora, entre otros, y del aparato de inteligencia a partir del rol que cumplió el Destacamento 101 de La Plata.
Asimismo, se indagó en el papel del gobierno dictatorial en la provincia y el accionar de la Policía Bonaerense, entonces al mando del represor Ramón Camps, fallecido en 1994, quien había sido condenado en 1986, e indultado en 1990. Miguel Osvaldo Etchecolatz, el exdirector de investigaciones de la Bonaerense, y subordinado de Camps, murió en mitad del juicio que se hizo en La Plata.
Los jueces Ricardo Basílico, Walter Venditti y Esteban Rodríguez Eggers dictaron diez perpetuas a los siguientes represores:
Federico Antonio Minicucci, jefe del Regimiento de Infantería Mecanizada N° 3 de La Tablada.
Guillermo Domínguez Matheu, jefe de Actividades Psicológicas del Destacamento de Inteligencia 101 de La Plata.
Roberto Balmaceda, jefe de Contrainteligencia del Cuerpo de Actividades Especiales del Destacamento N° 101 de La Plata.
Jorge Héctor Di Pasquale, jefe de la sección de Operaciones Especiales del Destacamento de Inteligencia N° 101 de La Plata.
Carlos María Romero Pavón, jefe de Reunión Interior del Destacamento N° 101 de La Plata.
Jaime Smart, exministro de Gobierno.
Juan Miguel Wolk, jefe de la División Delitos contra la Propiedad y de la División Delitos contra las Personas y de la dirección de investigaciones Zona Metropolitana.
Jorge Antonio Bergés, médico policial.
Horacio Luis Castillo, comisario.
Carlos Gustavo Fontana, enlace entre el Destacamento 101 y el Batallón de Inteligencia 601.
Fuente: El Digital


