Las inundaciones en Nepal, provocadas por el colapso de un glaciar en la frontera con China el 27 de agosto, dejaron más de 1.100 muertos y afectaron gravemente la cuenca del río Bhotekoshi-Trishuli. Al menos 22.000 niños necesitan con urgencia agua potable, saneamiento y artículos de higiene, según informó UNICEF.
La destrucción de sistemas de agua, baños y otras instalaciones sanitarias incrementa el riesgo de enfermedades transmitidas por el agua y brotes infecciosos.
Daños a la infraestructura
Las inundaciones dañaron:
Carreteras y puentes.
Redes de telecomunicaciones.
Sistemas de agua potable y saneamiento.
19 escuelas, de las cuales ocho fueron destruidas completamente y ocho parcialmente.
Más de 10.000 niños en edad escolar necesitan apoyo psicosocial y acceso a espacios seguros de aprendizaje.
UNICEF desplegó suministros de agua, saneamiento e higiene para unas 19.000 personas en los distritos de Rasuwa y Nuwakot. Entre los artículos distribuidos se incluyen:
3.800 kits de higiene.
3.300 bidones plegables de 10 litros.
3.500 cubos y 3.500 tazas de un litro.
4.000 botellas de solución para tratamiento de agua.
Más de 1.000 lonas.
Además, el personal trabaja con autoridades y socios en vigilancia de enfermedades, promoción de higiene y prevención de brotes.
La OMS advirtió que el desplazamiento, el hacinamiento y el agua estancada aumentan el riesgo de enfermedades transmisibles como el dengue y el tifus de arbustos.
Alice Akunga, representante de UNICEF en Nepal, señaló: “Cada padre en estos distritos ahora está haciendo el mismo cálculo varias veces al día: ¿Dónde puedo conseguir agua y es segura para dársela a mi hijo?”.
Niños como Swostik Paudel, de 14 años, intentan mantener la normalidad en refugios abarrotados. “Algunos amigos trajeron un balón de fútbol pinchado y lo hemos estado pasando alrededor”, relató, mostrando cómo el juego se convierte en un espacio de resistencia emocional frente al desastre.
Próximos pasos
UNICEF planea ampliar el suministro de emergencia con:
Tratamiento de agua doméstica.
Monitoreo de calidad del agua.
Instalaciones temporales de saneamiento y lavado de manos.
Suministros de higiene menstrual.
Akunga enfatizó que restaurar el agua y el saneamiento seguros “no es un trabajo de una semana”. Los sistemas dañados deben ser reconstruidos para resistir futuras inundaciones y fortalecer la resiliencia comunitaria.
La tragedia en Nepal evidencia la vulnerabilidad de las comunidades frente al cambio climático y la urgencia de infraestructuras resilientes. La respuesta internacional es vital, pero también lo es la reconstrucción sostenible que evite repetir la misma conversación tras el próximo desastre.
Fuente: Noticias Ambientales


